Intensidad de la exposición a medios de comunicación

Hurgamos sobre la intensidad de la exposición y la importancia que les dedican a las noticias con contenidos políticos. Con ese propósito y solo a quienes declaraban exponerse a un medio determinado les preguntamos sobre el grado de atención que prestaban a las fuentes informativas y a las noticias políticas que propagaban. Partimos del supuesto que los medios tienen distintos públicos y que éstos se autoseleccionan al escoger un medio de comunicación en particular para informarse sobre los asuntos públicos. En ese contexto, cabe asumir que exponerse a uno o más medios no implica necesariamente que se toma atención debida —entendiendo que se exponen a temas políticos— a los temas que se tratan, el control remoto, la visualización entre comerciales, el interés por un tema en parti­cular o la conversación con otras personas mientras se ve, escucha o lee, de hecho, distrae nuestra atención.

Nuestros indicadores de intensidad, asumen que el ciudadano manifiesta una frecuencia de uso de un medio, así como un interés por la in­formación política en particular, en esos dos extremos podemos aventurar a establecer la noción. Se sugiere que la intensidad de la exposición se relaciona con la frecuencia de uso de un medio y el interés declarado so­bre información política del entrevistado. Para la descripción consideramos la televisión, los diarios y las radios por ser los que concentran mayores porcentajes de frecuencias, posibilitando el análisis. En los demás casos, las muestras son muy limitadas.

Televisión: intensidad de la exposición

La frecuencia de ver noticiarios y programas políticos es para el 77,8 por ciento de nuestros entrevistados entre cinco y siete días a la semana. En todas las opciones propuestas, las mujeres superan largamente en 50 por ciento la frecuencia de visualización de noticiarios y entre nuestros entrevistados que manifestaron verlos todos los días y de lunes a viernes, superan el 60 por ciento de los casos, en este segmento el rango de edad está entre los 25 y 39 años de edad. Los hombres que manifestaron ver los noticiarios con mayor frecuencia sus rangos de edad fluctúan entre los 18 a los 39 años.

Ver los noticiarios o programas políticos no garantiza por sí solo que los públicos estén atentos a la información que reciben, por lo que se establecieron algunas condiciones de atención en que los entrevistados pueden hallarse.

Como se puede observar en la tabla 23, la mayor proporción de los televidentes de éstos programas se conforman con ver y escuchar los titulares que como es evidente involucran diferentes tipos de información incluida la política, pero que necesariamente no se refiere a ella. Sólo un 13,0 por ciento asegura que les presta real atención a las informaciones políticas y un 26,1 por ciento en forma eventual.

En cuanto a las diferencias en cuanto a sexo, tenemos que son más las mujeres que sólo tienen referencia de los titulares de los noticiarios, en contraste los varones en su mayoría son los que declaran ver y escuchar con cuidado las noticias políticas. En el primer caso, 62 por ciento de las mujeres declaró que solamente escuchaba los titulares y en el segundo, el 61,1 por ciento de los hombres declaró que con cuidado escuchaba y veía las noticias políticas. En cuanto al estrato social, encontramos que quienes ven los programas políticos son de los segmentos A y B, mientras que en los noticiarios se fragmente algo más la distribución por estratos sociales.

Una forma en que la televisión trata los temas políticos, las expresiones, comportamientos y el funcionamiento de las instituciones políticas, es a través de los programas cómicos. Entendiendo que éstos lideran las preferencias en cuanto a niveles de audiencia, se creyó conveniente interrogar sobre el asunto. Un 57,7 por ciento manifestó que las parodias de los programas cómicos eran un reflejo aproximado de lo que sucede en el país, mientras que el 9,6 por ciento asume que es un reflejo exacto y un 24,4 por ciento opina que no—refleja nada la realidad. Asumimos que los programas cómicos, por su propia característica, tiende a exagerar la realidad para generar la risa del auditorio; a pesar de ello, si más de la mitad de nuestros encuestados cree que lo que ve es un reflejo aproximado de la realidad política, indica que la actividad política vista por los ciudadanos está sufriendo un descrédito importante o que los programas cómicos es­tán representando muy certeramente —en términos humorísticos— la manera de cómo se hace política en nuestro país o por lo menos cómo los ciudadanos asumen que se hace política.

Quienes manifiestan que las parodias de los programas cómicos son un reflejo aproximado se caracterizan por ser precisamente quienes están más expuestos a los medios, en ese segmento la afirmación de ser un re­flejo aproximado llega al 88,5 por ciento, cuando en los demás segmentos está entre el 51,8 por ciento al 64,9 por ciento.

Diarios: intensidad de la exposición

La tabla 25 nos muestra que los lectores de diarios precisamente no se caracterizan por la acuciosidad en cuanto a las lecturas de los diarios. Cerca del 69 por ciento declara que sólo ojean o ven algo más que los titulares, mientras que el 17,4 por ciento afirma que lee con mucho cuidado la página política y editorial.

Dos variables, una referida a la ocupación y la otra al nivel socio—económico nos muestran que son los principales indicadores respecto de quienes conforman ese 17,37 por ciento de los ciudadanos que leen con cuidado las páginas políticas y editoriales. El grupo de entrevistados que se declara patrón o empleador tiene el mayor porcentaje de lectura de las páginas políticas y editoriales de los diarios que compran, el índice alcanza el 50 por ciento, adicionalmente es importante destacar que no se registraran porcentaje entre quienes declaran que sólo ojean los titulares.

En segundo orden le siguen los trabajadores independientes, que en muchos casos pueden ser pequeños comerciantes quienes manifiestan en un 39 por ciento también una lectura de las noticias políticas. Se observa que quienes declaran como ocupación estudiante en cualquiera de los niveles no tiene preferencias por las lecturas de las páginas políticas y editoriales, sólo el 4,3 por ciento declara hacerlo. En cuanto al nivel so­cio—económico debemos indicar que del estrato medio—alto, son los que tienen el mayor porcentaje entre quienes leen con cuidado las secciones políticas y editoriales.

Observando la relación con el grado de instrucción, encontramos datos sumamente interesantes, ya que la tendencia general descrita en el capítulo anterior que el grado de instrucción no explica un incremento por el interés sobre la información política. De manera específica y referida a los diarios, entre quienes aseguran informarse por ellos, si se encuentra una relación directa entre el grado de instrucción y la atención a las noticias políticas.

Debe destacarse que el índice de ojeada de los titulares se reduce al 15,9 por ciento entre quienes declaran tener educación superior universitaria y se incrementa la lectura de las páginas políticas y editoriales en 29,5 por ciento en ese mismo segmento.

Tendencia similar se manifiesta entre quienes declaran tener formación técnica superior. Debemos considerar, sin embargo, que, si bien hay un contraste entre la apreciación general y la referida a este medio de comunicación, debemos recordar que en el índice en mención ocupa el segundo lugar y el quinto lugar respectivamente, hechos que nos recuerda principalmente que estamos ante un segmento que si bien manifiesta un incremento en el interés por la información política, ésta no es ni por asomo mayor a que prestan por ejemplo quienes declaran tener como ocupación empleadores o patronos.

Los ciudadanos que se informan por medio de la prensa son distintos en cuanto al interés que muestran por los asuntos discutidos en la so­ciedad. Así algunas investigaciones los denominan “públicos advertidos”, en el sentido de que es necesario un acto de concentración y atención por parte de los lectores. Por lo menos de nuestros entrevistados se ha obtenido una impresión distinta cuando observamos su comportamiento en general, los matices son manifiestos en cuanto a la ocupación, el nivel social y el grado de instrucción, en ese orden específico.

La pregunta que cabría hacerse es ¿Qué tan atentos son los lectores de periódicos? O ¿Todos los lectores son atentos? Por lo menos la atención que prestan a nuestra prensa para informarse sobre la política si bien es limitada, quienes se exponen a los diarios no son precisamente en su mayoría personas que podríamos decir atentas e informadas sobre los asuntos públicos.

Debemos considerar que la lectura que se efectúa es sólo parcial y apurada porque en la mayoría de los casos las personas que ojean titulares o un poco más lo realizan en los puestos de venta y es muy probable que sean afectos más al impacto propagandístico de los titulares, que tiene por objeto llamar la atención y propiciar la compra, que los contenidos de la información desarrollados en los artículos.

Los que sí se exponen y con interés resulta ser un porcentaje reducido de lectores de diarios, que en nuestra muestra alcanza el 17,4 por ciento. En este caso el efecto que pueda tener la prensa como proveedor de información política y como un medio de expresión política está limitado no al número de lectores que pueda tener, sino al tipo de lector a que llega, en este caso un lector de clase media—alta, empleador o trabajador independiente y en un rango de edad entre 40 y 70 años, que está atento a la línea informativa del diario de su preferencia y que incluso es probable esté dispuesto a comprar diarios especializados. Los demás lectores, están más bien anclados a otros contenidos informativos como los deportes o el espectáculo y si no se conforman con los titulares, no recurren al diario como fuente de información política.

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