Información, política y gobierno

Etimológicamente poder proviene del latín potere que a su vez de­riva del término posse, que conjugadas y combinadas asume el significado de pottis esse, que quiere decir ser capaz. Puede entenderse en dos senti­dos no excluyentes, pero sí complementarios, el ser capaz de hacer algo y el tener la facultad de hacer. El que tiene poder es capaz de hacer cosas y también es capaz de hacer cumplir su deseo.

¿Cómo se vincula información y poder? Debemos decir que las con­cepciones clásicas enlazan al poder principalmente en la relación entre los hombres, descuidando u omitiéndola con la naturaleza y con la persona misma, en tal sentido, en el poder siempre se considera como decisivo la relación mando—obediencia, ya que está siempre circunscrito a la relación entre los hombres, está apreciación tiene una carga histórica importante y se lo ha traslada a situaciones contemporáneas que debemos resaltar para comprender sus diferencias y alcances. La expresión más fuerte de mando—obediencia se da cuando se utiliza la violencia o la amenaza de su uso para lograr un comportamiento deseado y en su expresión tenue, cuando se influye o se logra un comportamiento mediante el convenci­miento, la costumbre o la posibilidad de recibir un premio.

En la concepción clásica se da énfasis a la expresión fuerte, pues la manera en que se conoce y expresa el poder sucede en la relación social y política en función al eje soberano—súbdito, en este caso, uno es o se re­clama diferente, superior y propietario del otro, en tal sentido unos asu­men que el poder es una posesión que se tienen derecho a disponer por el hecho de esta diferencia.

El poder entonces es entendido como un objeto que sólo unos pocos elegidos poseen y quienes lo poseen pueden hacer uso de él sin más límite que el poder mismo en el ámbito terrenal y en el ámbito supraterrenal por el límite establecido por una entidad divina que, simultáneamente ha permitido que éste grupo de elegidos lo posea.

En un contexto en donde las personas tienen una misma condición en cuanto ciudadanos, tanto gobernados y gobernantes están en la misma situación y por lo tanto lo que los distingue no es la diferenciación de pre­rrogativas sino la posición que ocupan unos por acuerdo o consenso de otros y el manejo de ciertos recursos en cuanto extensión y calidad.

En­tonces se entiende con más precisión que los hombres poseen poder en diferente magnitud y que su capacidad de uso está latente, pudiendo ser usado en cualquier circunstancia y conseguir ciertos cambios deseados. En esta situación ya no se conciben al poder como un objeto único y deposi­tado en unos y no disponible para otros; cuando asumimos que el poder tiene una cualidad variable y acumulable, entonces podemos comprender que una pequeña porción se vincula a la coerción como expresión del uso de la fuerza, pero el abanico de posibilidades no termina allí como vere­mos.

Las concepciones contemporáneas, sin minimizar o despreciar la concepción de mando obediencia, asumen una postura más completa del poder al vincularla con la información y en la interacción entre los hom­bres y la naturaleza. Entonces, podemos entender que existen caracterís­ticas distintivas entre el poder sobre la naturaleza y el poder entre las per­sonas.

A juicio de Deutsch sí las hay, y se distingue porque el poder sobre la naturaleza puede ser compartido con los demás hombres, puede ser colectivamente aplicado y su aplicación e incremento no perjudica en ge­neral a los hombres; mientras que el poder sobre los hombres se diferen­cia porque cuando los hombres buscan el poder surge la competencia por él para mantenerlo e incrementarlo, de allí que digamos que en el poder entre los hombres existe una relación de asimetría.

Esto último quiere de­cir que en cualquier relación de poder las partes tienen diferencias en cuanto a los valores que persiguen y la manera de preservarlos, por lo que  siempre involucra concepciones e intereses que cada parte busca hacer prevalecer, y, por lo tanto la otra parte es un obstáculo que debe ser su­perado, simultáneamente, cada una de las partes posee un cuota variable de poder pues tienen ante sí variaciones en cuanto a la información y re­cursos disponibles; asimismo, podría distinguirse entre potencial y poder propiamente, la diferencia estaría dada en función a la variable tiempo, pues el potencial indicaría las posibilidades latentes, y el poder, la infor­mación y los recursos posibles de utilizarse en una circunstancia particu­lar. Ambas distinciones poseen una cualidad en común y es que el poder sobre la naturaleza regularmente provoca el incremento en el poder sobre las personas.

El poder entre los hombres es competencia porque existen ciertas cosas valoradas que no todos pueden poseer y que sin embargo compiten por tenerlo. La política puede concebirse entonces, como una interelación entre intereses, valores y poder. El poder se convierte en un fin y en un medio, esa dualidad característica del poder, se evidencia pues permite obtener aquellas cosas que resultando importantes y necesarias no se las conseguiría sin su auxilio.

Comprendamos que el poder por el poder mismo no es nada si no aspiramos a algo más que serían los valores y los intereses. Los hombres compiten y actúan en política pues buscan además del poder la posibilidad de satisfacer y lograr aquello que les es de interés personal o grupal. “La palabra «interés» proviene de la palabra latina interesse, que significa «estar en el medio»” [1]

Los intereses manifiestan entonces aquello que las personas requieren y aspiran alcanzar para lograr su realización, es por lo tanto el combustible que motiva a los hombres para actuar. Los intereses entonces no sólo son la manifestación de necesidades de orden material sino también involucran la satisfacción de necesidades subjetivas, como los ocho valores que Deutsch considera que son: poder, respeto, rectitud, riqueza, salud, ilustración, habilidad y afecto. [2]Un interés puede defi­nirse como una pauta de demandas y expectativas que surge de una posi­ción social determinada. Tales demandas y expectativas sirven para man­tener o extender el poder del individuo o grupo que ocupa esa posición”,  [3] y se caracteriza —como sugiere Lapierre— por el hecho de representar competición “entre unas personas o unos grupos que tratan de satisfacer sus deseos sin que nada garantice la convergencia de sus esfuerzos ni la compatibilidad de sus objetivos”.[4]

El poder es pues aquella posibilidad de lograr cambios o conseguir resultados, y se vincula íntimamente con la información pues es un pre—requisito indispensable y necesario para que se manifieste, pues “la infor­mación debe preceder a la obediencia. Es imposible que alguien cumpla una orden a menos que sepa de qué orden se trata”. [5]

Queda claro entonces que el poder es una cualidad propia e inhe­rente de los seres humanos que les permite el logro de sus objetivos, en tanto involucra un cambio en el entorno y exige para su consecución una pauta de información. En este sentido la información como expresión de cualidad, cantidad y reconstrucción de la realidad le permiten a los hom­bres transformar su medio ambiente y conseguir que su voluntad se ma­nifieste por encima de los obstáculos. “Poder significa la capacidad de un individuo u organización para imponer extrapolaciones o proyecciones de su estructura interna sobre su ambiente. En lenguaje más sencillo, tener poder quiere decir no tener que ceder, y obligar al ambiente o a la otra persona a que lo hagan.” [6]

Entonces el poder se definiría como “la capacidad de lograr un cambio mediante la aplicación controlada de la información disponible.” [7] En esta definición incorporamos los elementos del poder que reseñamos: sobre uno mismo, sobre los hombres y sobre la naturaleza; no descarta la relación mando—obediencia, la enriquece y la perfecciona, se generaliza la posibilidad de lograr un cambio, que podría manifestarse en una probabili­dad esperada de resultados, (comportamiento, situación o realidad), por la aplicación controlada: utilización de adecuada  de los recursos disponibles en un momento determinado e información disponible pues como es evi­dente, es imposible disponer toda la información sobre un hecho o aconte­cimiento, y en tal sentido, la información con que se cuenta será materia prima para el acto de poder; y en otro sentido, el código en el mensaje de poder debe ser previamente compartido por los participantes en el pro­ceso.

De esto se colige que el poder involucra una relación e interacción en torno a un código informativo común que le indique a las partes qué mensajes deben ser atendidos y cómo deben interpretarse, sólo cuando una de las partes niega la posibilidad de actuar en torno a ese código in­formativo común es que recién se abre la posibilidad de la amenaza del uso de la fuerzo o de su uso abierto.

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