Envenenada

La luna estaba oculta por los negros nubarrones, que en las altas regiones van pasando sin cesar. En alta mar se levanta sobre sus olas de plata, parece que desbarata alguna inmensidad. Los grandes ojos divisan el ansia y la tristeza, y bajando la cabeza, sin pensar en la inquietud. Al ronco son de mi gastada lira, vengo a cantar, vengo a cantar, no sólo lo que mi amada mira, en alta mar, en alta mar. Mis tristes ilusiones están perdidas y deshojadas y desdeñadas. Fueron por ti mujer, de mis heridas ¡envenenadas, envenenadas!

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