Elecciones y publicación de encuestas

El presente artículo discute si es válida la prohibición legal de difundir las encuestas de opinión quince (15) días antes de la elección y si los argumentos esgrimidos para justificar tal medida resisten el análisis y la contra argumentación del articulista.

La legislación electoral del Perú establece que las encuestas sólo pueden ser publicadas o difundidas hasta 15 días antes de la realización de las elecciones. La ley Nº. 26859, ley orgánica electoral dice a la letra:

“Artículo 191o. – La publicación o difusión de encuestas y proyecciones de cualquier naturaleza, sobre los resultados de las elecciones, a través de los medios de comunicación, sólo puede efectuarse hasta 15 (quince) días antes del día de la elección. En caso de incumplimiento se sancionará al infractor con una multa que fijará el Jurado Nacional de Elecciones tomando como referencia la Unidad Impositiva Tributaria (U.I.T); lo recaudado constituirá recursos propios de dicho órgano electoral.”

La cuestión generó una serie de propuestas legislativas que iban desde establecer límites a la publicación con diferentes días de plazo hasta eliminar dicha prohibición. Si revisamos la legislación del Perú en materia de encuestas, observamos que sobre el asunto poco o nada se ha avanzado, pues la variación respecto de la legislación anterior se refiera a la multa que el JNE impone a quien incumpla esta norma.

Pero, ¿Por qué ha perdurado la posibilidad de limitar la publicación de las encuestas? Muchos de los argumentos esgrimidos están referidos al uso propagandístico que se pueden hacer con los resultados de las encuestas; se argumenta, además, que debe otorgárseles a los ciudadanos unos días de reflexión para que decidan su voto, y así evitar los efectos manipuladores de las encuestas, en suma, una serie de argumentos que justifican ese punto de vista.

Intento demostrar que estas argumentaciones carecen de sustento empírico por una serie de argumentos que esgrimiré a lo largo de este artículo y que por tales razones, es absurdo que se establezcan límites a la información que privilegiadamente pueden disponer en esos cruciales quince (15) días, los candidatos, medios de comunicación nacionales y extranjeros, empresas dedicadas a realizar encuestas y todos aquellos usuarios de servicios de información como la televisión por cable y el Internet en sus múltiples expresiones informativas.

Grosso modo, las encuestas electorales son un procedimiento técnico por el cual sobre la base a una cantidad determinada de electores (muestra), en un área geográfica específica y aplicando un cuestionario, se puede conocer las preferencias electorales en un momento (tiempo) específico. Su utilidad es diversa.

Los resultados que más se difunden en los medios de comunicación y por ende generan más expectativas entre políticos y electores, son sin duda, aquellas que evalúan la intención del voto. Los resultados globales o generales que se presentan expresan en un momento determinado las preferencias electorales y por ende en muchos casos pueden servir como elementos predictivos de lo que sucederá el día de las elecciones.

Indudablemente las encuestas no son buenas o malas por sí mismas, ni tampoco se equivocan per se. Generalmente cuando favorece a algún candidato, entonces son buenas y expresan —desde la perspectiva del favorecido— su probable triunfo; inversamente, quien no encabeza las preferencias ciudadanas, se encarga en demostrar que las encuestas son falsas o han sido mal ejecutadas.

El hecho cierto es que las encuestas realizadas técnicamente y con la adecuada experiencia profesional, no ofrecen resultados al 100 por ciento, sino sólo estimaciones o aproximaciones con un margen de error y con una cuota controlada de probabilidad de acierto u error. Y reflejan ciertamente un momento en el tiempo de un proceso continúo denominado proceso electoral.

Es cierto también, que los resultados de las encuestas pueden prestarse a muchos usos y también abusos por sus diferentes usuarios. Pues muchas veces llegan a conclusiones sobre la base de una información mal entendida en el mejor de los casos o por un desconocimiento absoluto de la herramienta analítica en el peor de los casos. En tal sentido, también puede ser usado para fines publicitarios.

Entonces surge la duda de saber si este uso puede manipular mentes y predeterminar comportamientos. La respuesta es no. No está comprobada empíricamente esas supuestas capacidades manipuladoras de mentes.

En países como los Estados Unidos y Francia se han hecho investigaciones sobre la influencia de las encuestas y la determinación del voto, y se ha encontrado que su nivel de influencia es minúsculo, y que la mayoría de las personas, incluso han decidido su voto, antes de iniciado el proceso electoral y por tal razón la campaña electoral estaría dirigida al votante flotante, ese que hasta el último momento decide su voto.

No todos los votantes son iguales, y especialmente esto es cierto en cuanto a su interés por la política en general y las elecciones en particular. El segmento de votantes flotantes, se caracteriza especialmente por esas características, y su desinterés se demuestra pues no se deciden hasta cuando tienen que llenar la cédula de sufragio.

Ahora, suponiendo que se usen unas encuestas con esos fines, acaso no nos damos cuenta que un hecho de tal magnitud, involucraría el prestigio de la encuestadora, del medio o medios que difunden la información y además asumiríamos que esa encuesta en particular y ese medio o medios en particular son los depositarios de la verdad unívoca y que otros medios y empresas encuestadoras, así como universidades y ONG’s no pueden realizar el mismo trabajo y verificar la certeza de los hallazgos.

Es decir, es posible que una situación así pueda producirse, pero es también posible que por la pluralidad de fuentes informativas y de entidades capacitadas para realizar esa labor, se pueda desenmascarar la pretendida patraña.

Otra cuestión que poco se comenta o no se discute, está referida a que los políticos creen que los electores son ingenuos o tontos, —por lo menos esa es mi impresión— cuando dicen que debe evitarse que los ciudadanos sean manipulados por las encuestas y que debe otorgárseles unos días de reflexión. Ese argumento es falso, por varios motivos.

Primero, lo que es “malo” para los ciudadanos no es malo para los políticos, ¿por qué será eso? No se dan cuenta acaso, que, en su afán argumentativo, evidencian sus necesidades de ser ellos y sólo ellos los capaces de disponer de “información”, discriminando selectivamente entre quienes poseen y no poseen información. Los discriminados son los electores, quienes no pueden disponer de la información de los últimos quince días de las elecciones.

Es que acaso, los políticos se someten a esa purificación de la prohibición y la reflexión, no es cierto acaso, que los últimos quince días de la campaña son los más intensos de todo el proceso, pues en ellos se concluye un esfuerzo de recursos y tiempo. Entonces, ¿Porqué lo que es bueno para los políticos y los medios, es malo para los electores? ¿Quién se animará a responder?

Otro argumento, no se han dado cuenta nuestros legisladores que no por gusto estamos en la era de la información. Y si lo saben porqué pretender impedir que se difunda cierta información en un tiempo determinado. Los medios de comunicación nacionales y extranjeros conocen de las proyecciones electorales, pues las empresas encuestadoras realizan una conferencia de prensa para darles a conocer los resultados, que dentro del Perú no se pueden conocer, pero que en el mundo se conoce porque los medios extranjeros difunden esa información.

Y la Internet, acaso no es evidente que por los servicios de news, listas de interés, WEB SITES y otros, los usuarios a estos servicios e interesados en la cuestión, se informan y conocen de las últimas tendencias electorales. Incluso en esta página se están empezando a difundir encuestas de opinión sobre las elecciones generales del año 2,000. En su momento nos alcanzará la prohibición, considerando que el servidor está ubicado en los Estados Unidos y nuestra dirección física en el Perú.

Y si fuera posible la sanción, no es acaso cierto que vía EMAIL o RSS puedan difundirse esos resultados sin violar la tan absurda disposición. Incluso Enrique Chirinos Soto, recuerdo se atrevió a violar esa ley, pues en Radio Programas dio a conocer los últimos resultados de los sondeos en los días que estaba prohibido por ley. No es acaso inconstitucional esa norma.

Los tiempos han cambiado y la información no es ya un privilegio de pocos, pues se está masificando y contribuyendo al proceso de democratización. Las tecnologías de la información son instrumentos de la democracia y no podemos andar en contra de la corriente.

Cabría preguntarse, ¿Qué criterios han tenido nuestros legisladores al redactar el artículo 191 de la ley orgánica electoral? Que dicho sea de paso en su esencia repite lo que la ley de la materia decía anteriormente.

La legislación comparada sobre la materia es variada, aunque en este caso los precedentes no sirven de mucho, pues he intentado demostrar que existen múltiples formas de escapar del alcance de la norma y porque principalmente pone en desventaja a la mayoría de los electores.

Tenemos que considerar que la información que se proporciona es un insumo para la toma de decisión de los ciudadanos y políticos, por lo que se han convertido en una fuente primaria de información para la toma de decisiones políticas, ya que de ellas se extraen conclusiones que orientan el voto de los ciudadanos y el accionar de los candidatos.

Finalmente, sería oportuno eliminar la prohibición que en la actualidad existe y permitir que las encuestas se publiquen libremente. Este es un cambio que a los ciudadanos podría interesar en mayor medida que a los políticos, ya que nos colocaría en igual situación y no se produciría la discriminación a que somos sometidos y más aún, acabaría con la “paternal tutela” de los políticos al protegernos de los daños que causan las encuestas en el “pueblo”. ¡Que ingenuidad!

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