El sistema político

El desarrollo de la ciencia política contemporánea pasa indiscutiblemente por la inclusión de todo un esquema conceptual al que se le denomina “análisis sistémico”, cuyos orígenes se remontan a la década del cin­cuenta, desde entonces y hasta la actualidad, se ha desarrollado enrique­ciendo el análisis político permitiendo que surjan excelentes herramientas de investigación.

Este desarrollo y nivel conceptual no son fortuitos, los especialistas en ciencia política comprendieron que su bagaje teórico era insuficiente para describir e interpretar la realidad política, asimismo, era evidente que su estudio no podía seguir circunscribiéndose a los marcos éticos, filosóficos y normativos de la política; es decir, la ciencia política era más que la teoría del estado, el derecho constitucional, y el Estado no es el único proceso político que debe estudiarse.

La aparición de tal enfoque puso en claro, que no sólo estábamos ante la necesidad de reorientar la ciencia política, sino, se podía discutir —en ese entonces— su objeto y definición, ya no podía ser únicamente la ciencia del estado, debía incluir otros procesos y por eso, el estudio del sistema político debía ser la categoría analítica por excelencia de la disciplina, Easton sostiene que: “el análisis sistémico arranca en general de la con­cepción de la vida política como un conjunto delimitado de interacciones, enclavados en otros sistemas sociales y rodeados por ellos, y a cuya in­fluencia está constantemente expuesto”. [1] La unidad de análisis no es ya el Estado ni el poder, sino unas pautas de comportamientos en torno a la asignación de cosas valoradas por los miembros de la sociedad, que les diferencia al otorgar a cada miembro, distintos valores y que al hacerlo involucra a la sociedad toda y no a partes de ella, las premisas funda­mentales del análisis sistémico propuesto por Easton se resumen en la tabla siguiente:

Tabla 1: Premisas generales del análisis sistémico [2]

  1. Sistema. Es útil considerar la vida política como sistema de conducta;
  2. Ambiente. Un sistema se puede distinguir del ambiente en que existe y está abierto a influencias procedentes de él;
  3. Respuesta. Las variaciones que se produzcan en las estruc­turas y procesos dentro de un sistema se pueden interpretar con provecho como esfuerzos alternativos constructivos o po­sitivos, por parte de los miembros del sistema, para regular o hacer frente a una tensión que procede tanto de fuentes am­bientales como internas.
  4. Retroalimentación.  La capacidad de un sistema para sub­sistir frente a una tensión en función de la presencia y natu­raleza de la información y demás influencias que vuelven a sus actores y a los que toman las decisiones.

Un sistema político es –según mi entender— un conjunto de partes y pro­cesos componentes que interactúan y dependen mutuamente, referidos a la asignación autoritaria de valores. La interacción a la que me refiero no solamente se manifiesta al interior, sino con el exterior, en ese sentido influye sobre su funcionamiento, recibe estímulos internos y externos, por lo que emite respuesta en sentido negativa o positiva para realimentar el proceso.

Las interacciones que lo configuran, están relacionadas a la conducta de las personas entorno a la política, por ello, que se sugiere que el tipo de conducta que se estudiará está enlazado a ese ámbito, “las asignaciones autoritarias de valores, distribuyen cosas valoradas entre personas y gru­pos siguiendo uno o más de tres procedimientos posibles: privando a la persona de algo valioso que poseía, entorpeciendo la consecución de va­lores que de lo contrario se habrían alcanzado, o bien permitiendo el ac­ceso a los valores a ciertas personas y negándolo a otras”. [3]

Lo que estamos describiendo es el sustento mismo de cualquier sistema político, contemporáneo o primitivo, y afecta a la totalidad de los miem­bros de una sociedad, por ello se distingue de cualquier forma de poder que se manifiesten en el sistema social o en los para—sistemas políticos, se diferencia porque como afirma Sartori: “la política consiste en última instancia en decisiones (ejecutadas) sustraídas a la competencia de cada individuo como tal, y que alguien adopta por algun(os) otro(s). ”[4] El pre­citado autor establece que estas decisiones son colectivizadas en términos políticos, porque son: “a) soberanas; b) sin escapatoria; y c) sancionables. Soberanas en el sentido de que anulan cualquier otra norma; sin escapa­toria, porque se extienden hasta las fronteras que definen territorialmente la ciudadanía; y sancionables porque están respaldadas por el monopolio legal de la fuerza”. [5]

El uso de tal categoría analítica facilita y permite estudiar a cualquier sis­tema político aunque maneje diferentes bases ideológicas y principios de legitimidad, porque se entiende que cualquier sistema político en cualquier tiempo y lugar cumple ciertas funciones, actividades y procesos para mantenerse, evolucionar y perdurar, “partiremos de la suposición de que hay ciertas actividades políticas y procesos básicos que son característicos de todos los sistemas políticos, aunque las formas estructurales por medio de las cuales se manifiestan puedan variar, y de hecho varíen considera­blemente en cada lugar y época”.[6]

Como se ha esbozado el sistema político no está aislado, por tal razón asumimos que posee un ambiente o entorno propio que lo define y deli­mita, también posee un contexto, que es el contorno exterior y por ello, se manifiesta un límite entre el sistema y el ambiente, pero no es cerrada y tampoco necesariamente referida a un área geográfica, sino aquello que le permite diferenciarse de los demás sistemas sociales, y se haya abierto en el sentido que recibe las influencias de su entorno y reacciona ante ello.

El límite a que nos referimos, no quiere indicar que sea una línea o demarca­ción específica, sino a la posibilidad teórica de establecer qué contendrá cada uno de los sistemas en general, como bien expresa Easton: “Al pasar de un sistema a otro no atravesamos ninguna línea concreta; no obstante, la experiencia da sentido real a la existencia de un límite entre el sistema político y los demás sistemas de una sociedad”, [7] en tal sentido, el límite o diferenciación entre el sistema político y los demás sistemas sociales están dados por la especialización de las funciones de los roles y estruc­turas, lo que Almond y Powell denominan “diferenciación estructural”, que puede distinguirse por: “1) el grado en que los roles y actividades políticos se distingan de otros roles y actividades o, por el contrario, el grado en que estén insertos todos en estructuras limitadas, como la familia o los grupos de parentesco; 2) el grado en que los que desempeñan roles políti­cos formen un grupo aparte en la sociedad y tengan sentido de solidaridad interna y de cohesión; 3) el grado en que los roles políticos adopten la forma de jerarquía, discernible de otras jerarquías fundadas en la riqueza, el prestigio y demás criterios no políticos; 4) el grado en que los procesos de reclutamiento y los criterios de selección de quienes desempeñen roles políticos difieren de los correspondientes a otros roles”.[8]

Para que exista una respuesta, debe haber previamente un estímulo que lo provoque, al sistema político ingresan ciertas pautas o energía que luego de ser procesadas en su interior, produce un resultado realimen­tando el proceso, esta información que ingresa y provoca una reacción se denomina insumo y consiste primariamente en las necesidades, expectati­vas, intereses y aspiraciones que provienen de la sociedad, de los otros sistemas [9] y de los demás sistemas políticos (entorno internacional).

Como es evidente, los insumos pueden provenir de un sinnúmero de fuentes y multiplicarse al infinito la serie de requerimientos, en tal sentido, para asegurar su comprensión Easton los redujo en demandas y apoyos, [10] ya que asegura su comprensión de sus múltiples expresiones que puede tomar, asimismo, tenemos a los co—insumos y nos sirve para distinguir que la demanda o impulso ha surgido dentro del sistema político por causa de su misma estructura o esquema de funcionamiento y que genera al­guna forma de perturbación o disfunción;  en todos los casos, los insumos (demandas y ayudas) y los co—insumos, provocarán que surja una res­puesta.

Las demandas que recaen sobre el sistema político a juicio de Almond y Powell se clasifican de acuerdo a su extensión y variedad en: “1) demanda de bienes y servicios; 2) demandas de regulación de la conducta; 3) de­mandas de participación y finalmente, 4) demandas de comunicación e información”. [11]

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