El sistema político según Raymond Aron

Raymond Aron pretende hacer un estudio sociológico de los regímenes políticos, para diferenciarlo de los estudios jurídicos y filosóficos, que a juicio del autor no abarcan toda la realidad política de un sistema político.

Para Aron la diferencia entre estos estudios radica en que, mientras el estudio filosófico de los regímenes políticos se hace con la intención de evaluar o enjuiciar los méritos propios de cada régimen buscando determinar si es bueno o no. El estudio jurídico de los regímenes políticos concentra su interés en la Constitución en sí, se observa como son elegidos los gobernantes, votadas las leyes, promulgado los decretos, controladas las funciones, etc.

En cambio, el estudio sociológico considera a las anteriores áreas de estudio como elementos componentes de una realidad mayor y compleja; que está conformada también por los partidos políticos, los grupos de presión, el reclutamiento de los hombres políticos, etc. A decir de Aron, el sociólogo analiza las reglas del juego político como son de hecho y no como son planteadas en la Constitución de un país. Aron por lo tanto descarta la búsqueda del mejor régimen político desde un punto de vista abstracto y universal, por las siguientes razones adicionales:

  1. Es dudoso que pueda determinarse el mejor régimen haciendo abstracciones de la organización social en general, es decir desvinculando a un régimen específico de su entorno social dinámico y en constante cambio, situando al régimen político en un acto estático. (Como una foto).
  2. La noción del mejor régimen está ligada a una concepción finalista de la naturaleza humana, es decir la finalidad ideal de régimen político como esperanza futura para el hombre, no ayuda para nada a desentrañar los verdaderos hechos políticos que hacen a un régimen.
  3. Los objetivos de los regímenes políticos no son unívocos ni están necesariamente acordes entre sí; el régimen que asegura mayor margen de libertad a los ciudadanos, no siempre origina la mayor eficacia del poder; en otras palabras, los distintos objetivos políticos difieren entre sí, por los expositores de los mismos que tienen intereses distintos y puntos de vista divergentes en cuanto al rumbo de tal sistema.
  4. La concretización de las instituciones es inevitablemente diversa, la cuestión del mejor régimen solo puede plantearse a un elevado nivel de abstracción, en cada sociedad las instituciones deben estar adaptadas a las particularidades de una realidad histórica en particular.
  1. La concepción jurídica y la crítica de Aron: Hace notar el citado autor que el concepto jurídico con cuya ayuda se intenta generalmente captar la realidad política es el de la “soberanía”, el cual se aplica al detentador de la autoridad legítima y precisa quien tiene derecho a mandar, tal concepto se utiliza con dos significados distintos:
  1. Es titular de la soberanía quien detenta la autoridad legítima, el cual no obstante no es siempre el que hace lo mismo con el poder de hecho. Es decir, la diferencia implícita entre los depositarios de la soberanía (el pueblo) y el que ejerce tal autoridad (gobernante).
  2. Es evidente por comprobación histórica que un pueblo grande nunca a gobernado por sí mismo, el pueblo es incapaz de ejercer globalmente las funciones de gobierno. Por lo que la formula del gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, se supone que hay confusión entre el detentador de la autoridad legítima y el poseedor del poder de hecho.

Aron afirma que, en las sociedades modernas, la soberanía no es sino una ficción jurídica, por lo que se pregunta. ¿ES SOBERANO EL PUEBLO?; añade además que la fórmula puede ser aceptada indistintamente por los regímenes democráticos, por los fascistas o comunistas.

Aron afirma que no existe régimen contemporáneo que no pretenda en cierta medida fundarse en la soberanía popular. Lo que realmente varía a juicio de Aron son los procedimientos jurídico—políticos por los cuales se transmite la autoridad legítima del pueblo a unos seres reales (representación).

Por lo que afirma Aron que lo que diferencia a los distintos regímenes son los procedimientos de elección de los jefes políticos, las formas de designación de los poseedores del poder de hecho y las modalidades según las cuales se va de la ficción de la soberanía a la realidad del poder. Por lo que concluye Arón que en las sociedades contemporáneas lo que existe son gobiernos para el pueblo y no gobiernos por el pueblo.

1.1 La concepción filosófica y la crítica de Aron: Desde este punto de vista los regímenes se definen por las nociones de libertad, igualdad y fraternidad. Sin embargo, Aron, considera que tales conceptos no pueden en absoluto definir a los regímenes políticos contemporáneos. En ninguna de las sociedades modernas los individuos son económicamente iguales. Se pregunta entonces ¿Qué significa la igualdad de los ciudadanos? Y se responde que dos cosas: la participación en la soberanía que se expresa en el goce de todos los derechos políticos, y la igualdad ante la ley. Sin embargo, estas dos expresiones de la igualdad no excluyen otras numerosas manifestaciones de desigualdad económica y social.

En cuanto a la libertad política dice que está definida por los derechos precisos garantizados por las instituciones como el Habeas Corpus, el sufragio universal, la libertad de palabra y de expresión, entre otros constituiría el contenido de la libertad política. De todo lo expresado anteriormente, Aron descarta provisionalmente la concepción jurídica según la soberanía y la concepción filosófica según la libertad y la igualdad.

Teoría general del sistema político

El sistema político para Aron, en sentido estricto determina las relaciones entre gobernantes y gobernados; fija el cuadro de cooperación de los hombres en la gestión de los asuntos públicos, orienta la acción estatal, organiza el relevo de los gobernantes y es, el que nos permite conocer los rasgos originales de cada régimen. Este autor dice que el régimen político está constituido por un sector particular del conjunto social, sector que encierra la singular característica de regir tal conjunto. El autor considera que las tres funciones esenciales del orden político son:

  • La función administrativa: que tiende a asegurar la paz entre los ciudadanos y el respeto por la ley.
  • La función gubernamental: que engloba la función legislativa y la ejecutiva en el sentido corriente del término y que comprende la gestión de las relaciones con las demás colectividades, las decisiones por las cuales las leyes son redactadas, promulgadas y modificadas.

Las características principales de la función administrativa es que cada vez es más compleja y se extiende a sectores de la vida colectiva cada vez más amplia, cubre y determina modalidades de la actividad de los individuos más y más numerosas. A medida que se extiende la administración, el Estado se confunde más con la sociedad, y sus decisiones influyen en la existencia de todos los ciudadanos.

La administración garantiza la ejecución de leyes, y en este sentido, justicia y policía representan su función negativa: impedir a los ciudadanos entrar en conflicto abierto unos con otros y asegurar el respeto de las leyes. El poder político se define por la capacidad de adoptar decisiones más concernientes a las relaciones internacionales, otras a las materias que no dependen de una legislación, y por último a la fijación o modificación, de las leyes mismas. Cada una de estas funciones son ejercidas en las sociedades por dos tipos de hombres y están encarados por dos clases de organización:

  • Los funcionarios y la burocracia;
  • Los hombres políticos y el sistema electoral.

Variables de todo sistema político: Raymond Aron encuentra las siguientes cinco (5) variables en cualquier sistema político actual, que lo configuran de acuerdo a la interrelación entre ellos, la jerarquía que tienen y las funciones específicas que ejercen en un sistema político:

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