El sistema político de Robert Dahl

Para Robert Dahl un sistema político es cualquier sistema persistente de relaciones humanas que comprende, en una extensión significativa, gobierno, autoridad o poder. Dahl encuentra algunas regularidades comunes a cualquier sistema político que son los siguientes:

Los controles sobre los recursos políticos están distribuidos en forma irregular, un recurso político es un medio mediante el cual una persona puede influir en el comportamiento de otras personas. Los recursos a los que se refiere Dahl son: el dinero, la información, los alimentos, las amistades, la categoría social, el derecho a legislar.

Algunos miembros del sistema político tratan de ganar influencia sobre la política, las normas y las decisiones impuestas por el gobierno.

La influencia política se haya distribuida irregularmente entre los miembros adultos de las sociedades, pues está en proporción a los recursos disponibles y su distribución es asimétrica. Son tres las principales razones por la cual la influencia política está mal distribuida:

  •  La desigualdad en la distribución de los recursos;
  • La variación en las habilidades con lo que los diferentes individuos usan sus recursos políticos.
  • Las variaciones sobre la medida en que diferentes individuos usan sus recursos para fines políticos.

Los objetivos de los diferentes componentes del sistema son distintos por lo que los intereses están en constante conflicto; conflicto y consenso son aspectos importantes en cualquier sistema político.

Los dirigentes de un sistema político tratan de asegurar que siempre se usan medios gubernamentales para resolver conflictos, las decisiones que se toman, sean aceptadas ampliamente, no solo por miedo a la violencia, a la sanción o coacción, sino también como resultado de la creencia de que es éticamente correcto y justo proceder en esa forma.

La creencia de que las decisiones y las estructuras de poder político obran de acuerdo a la moral y a los supuestos dados, es lo que expresa el sentido de legitimidad; es decir la aceptación tacita de la opinión pública que la situación es compartida tanto por los mandados y mandantes. La autoridad se convierte en este caso en una clase especial de influencia: la influencia legítima.

Los dirigentes de un sistema político generalmente adoptan una serie de doctrinas integradas más o menos persistentes, con el fin de explicar y justificar su hegemonía en el sistema político. Este conjunto de doctrinas y creencias constituye la ideología, ella sirve para dotar de hegemonía de legitimidad y para convertir su poder en autoridad.

Una ideología reinante indica los supuestos morales, religiosos y fácticos, etc. que se suponen para justificar el sistema. Una ideología dominante altamente desarrollada contiene normas para evaluar la organización, la política y a los jefes del sistema, y también una descripción idealizada de la forma en que el sistema trabaja en realidad.

Una ideología no es necesariamente estática; las nuevas situaciones crean necesidad de explicaciones y énfasis en nuevos objetivos, de esta manera se introducen nuevos elementos no relacionales y hasta incompatibles. La ambigüedad de una ideología es algunas veces ventajosa porque permite la flexibilidad y el cambio de acuerdo a la situación.

Ninguna ideología es completamente aceptada por la sociedad, algunos miembros tienen un conocimiento elemental de ella, otros que dentro de tal concepción tienen sin embargo algunas ideas opuestas a la ideología, y en el extremo siempre hay elementos opuestos totalmente a la ideología dominante. Lo importante es que la mayoría de los ciudadanos en alguna medida acepten la ideología dominante, de no ser así, el sistema puede perder legitimidad. Legitimidad, ideología y situación social son el sustento de un sistema político, de lo contrario puede sucumbir.

La forma en que se comporta un sistema político está influenciada por la existencia de otros sistemas políticos. Un sistema político raras veces existe aisladamente, salvo casos excepcionales, cada sistema político se dedica a la relación exterior, porque las acciones accesibles a un sistema político están afectadas por las acciones pasadas y probables de otro sistema político.

Todos los sistemas políticos experimentan cambios. Desde épocas inmemoriales los observadores políticos han señalado la mutabilidad de los sistemas políticos, siendo comúnmente aceptada la teoría de los ciclos políticos. Finalmente, Dahl explica que son tres los criterios para diferenciar adecuadamente a los sistemas políticos:

  •  La medida en que el gobierno es legitimo y se acepta el poder de los dirigentes como autoridad;
  • La proporción de los miembros que influyen en las decisiones políticas;
  • El número de subsistemas y la extensión de independencia que tienen.

Teniendo en cuenta, por lo tanto, la legitimidad, la distribución del poder y el número de subsistemas, Dahl formula la siguiente tipología:

  •  Gobiernos que poseen una alta legitimidad;
  • Gobiernos que poseen una baja legitimidad.

Comentario

Robert Dahl es quizás uno de los politólogos que más ha contribuido con el desarrollo de la ciencia política contemporánea, se le conoce de sobremanera por su propuesta acerca de las poliarquías, sin embargo, también se preocupó por encontrar el encadenamiento lógico y teórico para estudiar los sistemas políticos pasados y presentes, en tanto se reconocen en ellos manifestaciones estructurales, funcionales   y sistémicas comunes.

En tal sentido, la contribución de Dahl es valorada como muy positiva pues los supuestos que propone dan justamente en el meollo de la política, que es la conjunción de tres elementos principales: los valores, los intereses y el poder. Pues debemos reconocer que los hombres actuamos en política en torno a la manifestación de estos elementos, en diferente proporción, y lo que cambia, en el tiempo son qué valores y qué intereses se buscan alcanzar, así como la manera de cómo se consigue y mantiene el poder político.

El peso que se le otorga a la ideología -no en el sentido marxista- radica en que se comprende perfectamente, que cada sociedad y por ende sus miembros comparten un sistema de creencias básicos en torno a la política, el gobierno y el poder, que está impregnado de juicios de valor, y que justamente la adhesión en términos de intensidad y número de adherentes hace que los sistemas políticos perduren en el tiempo bajo la tutela de un principio legitimador.

Se debe destacar que muchos autores al hacer sus planteamientos teóricos respecto del estudio de la política, dan énfasis a su aspecto agonal o conflictivo y otros, por el contrario, resaltan el aspecto consensual. Dahl intenta poner ambos extremos en su exacta dimensión, pues ambos extremos son indudablemente manifestaciones de las relaciones humanas que denominamos políticas, y en tal sentido, tenemos que ser capaces de comprender que el conflicto y el consenso son punto extremo y que entre ellos existen de hecho un sinnúmero de posibilidades, de situaciones que involucren justamente la búsqueda de alcanzar los valores, los intereses y el poder.

Finalmente, es preciso recalcar, que legitimidad y legalidad son categorías analíticas que expresan dos situaciones distintas y que en algunas ocasiones se juntan cuando las decisiones políticas tienen un grado de aprobación importante y estás se han realizado de acuerdo a las normas legales que en el momento estaban previamente establecidas.

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