El proceso de la decisión política: revalorización del modelo decisional

Antes de empezar a tratar el tema de la decisión política, creemos importante señalar, como punto de partida, la diferencia que existe entre filosofía política y ciencia política.

Es cierto que esta distinción no es una novedad, ya Sartori [1] hace algunos años pretendía demostrar diferencias entre estos dos campos a partir del tipo de lenguaje que cada disciplina utiliza, mientras la ciencia emplea un lenguaje empírico, el de la filosofía sería reflexivo, pero esa diferencia es en realidad muy frágil.

Será mejor hablar de cada disciplina y como es esta abordada por sus cultores, así sobre la filosofía política existen diferentes concepciones interesantes como por ejemplo la de Norberto Bobbio [2] o la de Leo Strauss,[3] quien señala que la filosofía política sería “el intento por adquirir conocimientos ciertos sobre la esencia de lo político y sobre el orden político justo”,[4] por el contrario la ciencia política se desarrolla a través de investigaciones realizadas bajo modelos tomados de las ciencias naturales.[5]

Es cierto que podríamos escribir todo un artículo sobre la relación de la ciencia política y las ciencias naturales, ¿es una de ella?, ¿sólo la toma como modelo? o ¿son completamente diferentes?, pero esa no es nuestra preocupación por el momento.

Así que solo señalaremos a la ciencia política como aquella disciplina que trata de explicar las relaciones de los hechos que se producen en la actividad política, es decir, no surge de la especulación filosófica ni normativa sino de la observación empírica del comportamiento efectivo de los hombres en política, de ahí que politólogos de la talla de Robert Dahl[6], Jarol B. Manheim[7] o David Easton[8] señalen que en los estudios sobre la conducta política es necesario dar un salto desde las reflexiones de los filósofos políticos clásicos hacia el análisis y observación empírica de los hechos y “dejar de creer que la mayor parte del conocimiento político, sino todo, puede encontrarse en las partes de un solo libro o por lo menos en las obras de un solo autor...” [9]

Habiendo establecido claramente cuál es nuestra posición y sentido de lo que aquí entendemos por ciencia política, nos proponemos abordar el problema de la decisión política, desde la Ciencia Política, a partir de la revalorización de los modelos explicativos decisionistas, superando, es cierto, las concepciones del racionalismo clásico, pero intentando demostrar que, dejando de lado el normativismo y las posturas del “debe ser”, es posible formular un modelo que describa y nos permita comprender cómo los agentes toman decisiones en política, trátese ya de individuos o de grupos.

Ciencia política y decisión política
Sabemos que el campo de la ciencia política es muy amplio, más aún cuando no se ha llegado a fijar ciertos consensos entre los integrantes de esta comunidad ya sea sobre la misma delimitación de la disciplina, pues todavía hay quienes suelen tomar todo estudio o reflexión que se haga sobre política como algo que ya forma parte de la disciplina y esto es un error, debido a que existen ciertos requisitos para hablar de ciencia como la capacidad de verificar empíricamente las proposiciones que se plantean o la de observar de manera más o menos directa y sistemática el comportamiento efectivo de quienes actúan en política; ya el movimiento conductista se encargó de aclarar esto durante la década del cincuenta y sesenta.[10]

Este problema de la delimitación, de la amplitud de temas abordados por la ciencia política es en realidad el resultado de la gran diversidad de corrientes y escuelas que existen dentro de esta disciplina, muchas de las cuales además manejan lenguajes diferentes y tienen concepciones muy divergentes sobre su objeto de estudio o sobre los procedimientos metodológicos que emplean, es como señala Gabriel Almond[11] una ciencia que se encuentra muy fragmentada y que debido a ello no ha logrado un mayor desarrollo, sin embargo este problema parecía superado con la revolución

conductista, por esos años se respiraba un aire de confianza que sin embargo a fines de los noventa se empezaron a cuestionar, aparecieron en las ciencias sociales corrientes denominadas postmodernistas que relativizaron todo lo avanzado y volvieron a darle importancia al discurso antes que, a los hechos, pero que, a nuestro modo de ver se trata más de una moda que de cambio de paradigma dentro de nuestra disciplina.

Un ejemplo de esta diversidad de criterios, métodos y posiciones sobre la ciencia política son los permanentes debates que existen sobre su objeto de estudio, el cual parecía resuelto en 1948, cuando la UNESCO estableció una lista de temas de interés en los estudios de ciencia política y que muchos estudiosos adoptaron como válida, todavía en el caso peruano hay quienes suelen emplearla como el caso del “renombrado” Francisco Miro Quesada Rada.

Pero en los sucesivos Congresos de la Asociación Internacional de Ciencia Política siempre estuvo presente l debate sobre el objeto de estudio, así en el año 1965 se ofreció en la ciudad de Filadelfia (EE.UU.) un evento que buscaba: “Un plan para la ciencia política”, en ella participaron tres connotados politólogos, Vernon Van Dyke que habló sobre el objeto d la disciplina, Karl Deutsch que trató el problema del método y Hans J. Morgenthau que desarrolló el tema de la finalidad de la disciplina.[12]

Aquí sólo nos interesa la exposición de Vernon Van Dyke, quien determinó que en el caso de la ciencia política norteamericana existían por lo menos, en ese momento, cuatro corrientes sobre el posible objeto de estudio, siendo estos: la política, el proceso político, la decisión política o el sistema político, finalmente él se inclina por el sistema político pues considera que este incluye a los otros tres, pero fija precisamente a la decisión política como uno de los objetos de estudio de la disciplina y del cual queremos hablar.

Las decisiones políticas, según David Easton[13], son “los resultados” del Sistema Político, pero en realidad el concepto e interés en la toma de decisiones no se origina en la ciencia política sino que ha estado presente antes en otras disciplinas, los psicólogos a inicios del siglo XX fueron los primeros en estar interesados en explicar los motivos subyacentes a las decisiones de un individuo, le siguieron luego los economistas, quienes introdujeron los modelos lógico matemáticos y que además se interesaron en las decisiones de productores, consumidores, inversionistas y finalmente, antes de llegar a la ciencia política, fueron los administradores de empresas quienes se interesaron en el tema en la búsqueda de aumentar la eficacia de la toma de decisiones de sus empresas, como puede verse claramente se trataba de observar un comportamiento efectivo de individuos y determinar el proceso que seguía una decisión para hacerla más eficaz, surgiendo el modelo racional clásico, el mismo que pasó por dos etapas, la primera consistió en conocer las fases del proceso de toma de decisiones (inductivamente) y la segunda convertirse en un modelo ideal que maximice los resultados de la decisión (prescriptivo).

Sólo en los años ’60 como parte de la exigencia del gobierno norteamericano la toma de decisiones se convirtió en un punto central de la ciencia política, interesados por conocer el comportamiento decisorio de los votantes, legisladores, funcionarios oficiales y otros agentes políticos, muchos de esos nuevos modelos además se preocupaban por tomar decisiones en situaciones de crisis, otro elemento que empieza a diferenciarlo del enfoque dado por la economía o la administración que plantea modelos ideales bajo situaciones normales, aquí se trata de explicar las características del proceso en situaciones de crisis políticas, sobre todo en el plano internacional.

Queda claro entonces que la teoría de la toma de decisiones surge, para el caso de la Ciencia política y otras disciplinas, dentro de la corriente conductista, no para explicar metafísicamente la actuación de los Estados sino por el contrario busca entender el comportamiento de los tomadores humanos de decisiones que realmente llevan a cabo la política gubernamental, se centran en personas de carne y hueso que tienen la responsabilidad de formular las políticas de un país, contraria a la afirmación de Resnik[14] la inclusión de los modelos matemáticos como la teoría de los juegos es posterior al interés en el comportamiento desde una óptica psicológica.

Al reducir el objeto de estudio de una colectividad (Estado) a una unidad más pequeña (personas responsables de sus decisiones) los teóricos de la corriente conductista de toma de decisiones esperaban hacer más concreto el análisis político, sin embargo, no siempre lograron su propósito, más aún cuando desde la filosofía o posiciones normativistas se criticaba lo avanzado.

La toma de decisiones se define simplemente como un acto de elegir entre alternativas posibles sobre las cuales existe incertidumbre, teniéndose en cuenta que los encargados de la toma de decisiones actúan dentro de un entorno total que incluye su sistema político nacional tanto como el sistema político internacional.
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