El pensamiento social después de la guerra con Chile

Terminada la ocupación chilena, el Perú quedó como expresa Basadre “viviendo, pero en un país exangüe, amputado, dolorido.  En suma, un país yaciente” (11). Su economía estaba destrozada, el comercio y la industria tuvieron que iniciar con denuedo y mucha imaginación la reconstrucción nacional, a pesar del pesimismo que se notó en sus principales instituciones sociales. Tanto las exportaciones como las importaciones del país, en comparación a la etapa anterior a la guerra habían sufrido alarmantes descensos. Las exportaciones, por ejemplo, pasaron de 5,601.902 libras esterlinas, sin incluir el guano y el salitre a 1,275.391 en 1887; y las importaciones de 4,281.817 libras esterlinas a 1,244.6633. El presupuesto de la república a su vez pasó de $. 65.567,032.80 de ingresos y de $. 75.377.390.98 de egresos a $ 16,133.670 de ingresos y 13,632.54 de egreso. (12)

Era evidentemente un descalabro económico, al que se sumó el pesimismo, la desesperación y la falta de reflexión crítica sobre lo sucedido y la visión para iniciar las tareas de la reconstrucción nacional. Como lo expresó Víctor Andrés Belaúnde el espíritu nacional no se reencontró: “Después de la guerra del 79, que fue una suprema conmoción, el espíritu nacional debió encontrarse a sí mismo, debimos descubrirnos a nosotros mismos. Un gran dolor individual descubre lo que hay de intenso y de más hondo en la personalidad de un hombre; un dolor colectivo debería revelar lo que hay de más profundo en la personalidad de un pueblo. Desgraciadamente no fue así.” (13)

Jorge Basadre, refiriéndose al estado de desolación en que quedó el país expresa que hubo algo peor que eso y fue: “la angustia económica privada y pública, la debilidad, la soledad y la acechanza de los países vecinos, era el complejo de inferioridad, el empequeñecimiento espiritual, perdurable jugo venenoso destilado por la guerra, la derrota, la ocupación“. (14)

José Manuel Osores, político conservador, describía en el bisemanario “El Sol” en julio de 1886 que por la situación de empobrecimiento  en que se encontraban las familias por la ausencia de orden, trabajo y economía, los jóvenes prefieren la búsqueda de empleos en la burocracia estatal para sobrevivir; situación que priva a la industria de los obreros necesarios; señaló igualmente el estado de anarquía y guerra civil que sobrevino y que hizo que “se prefieran las fatigas y los riesgos de la vida en cuartel que a la tranquila del agricultor y el artesano“. (15)

Los sectores populares, los más afectados por tal situación fueron descritos en su marginalidad por el “Artesano”, en su edición del 15 de marzo de 1887 quien, al editorializar sobre el alza de los arrendamientos, calificaba duramente dicha situación sentenciando: “Hagámonos fuertes con el Derecho que nos da la naturaleza”. ¿Porqué el desvalido ha de sostener con su sangre el lujo de los salones?… “reprimir las tiranías y la opresión bajo la forma que se presente es sagrado deber de la humanidad, y para cumplirlo está autorizado a emplear todos los medios a su disposición“. (16)

Dicho editorial fue acusado inmediatamente de “comunista” por “El Sol”, quien respondió con otro titulado “Propaganda Comunista” en su edición del 23 de marzo de 1887. La polvareda que levantó “El Artesano” posibilitó, sin embargo, que poco a poco, se iniciaran y afianzaran las nuevas ideas liberales radicales que empezaban a gestarse a partir del análisis de las frustraciones que significó la derrota de la guerra del Pacifico y que sirvieron de base para el surgimiento de las “Ligas de Libres Pensadores” conducidas por Cristian Dan y del positivismo y anarquismo de Manuel González Prada.

El nuevo pensamiento social de crítica social y de renovación del Perú fue encarnado por este último, quien con la concepción positivista que adoptó y con su voz potente como lo expresa Antenor Orrego produjo una suerte de vacío, de colapso, o de estupor. Era el primer hombre —manifiesta el pensador trujillano— “erguido que comenzaba a pensar auténticamente. Era el hombre peligroso de la razón libertadora. Su palabra puso al sol todas las desnudeces doradas, corriéndose todas las caretas quedando al descubierto los rostros y las vergüenzas republicanas” (17).

También debe ubicarse entre los que trataron de “redescubrir” al Perú después de la infausta guerra, a Francisco y Ventura García Calderón, José de la Riva Agüero y Víctor Andrés Belaúnde, todos ellos integrantes de la generación espiritualista o arielista, quienes bajo la influencia de Rodó intentaron como lo expresa Pacheco Veles, “la regeneración nacional” por el camino del estudio paciente y sistemático del país” (18)

Luis Alberto Sánchez, aunque refiriéndose al campo literario, expresó que la guerra trajo inevitables consecuencias en la vida social del país, pues al año de su inicio cambió todo lo que se pensaba y se decía del Perú, apunta”: Sin la guerra del Pacifico no se habrían escrito “Pajinas Libres” de Manuel González Prada, “Aves sin Nido” de Clorinda Matto de Turner, ni “Tarma Paccha Huaray” de Adolfo Vienrich, ni la “Epopeya del Morro” y otros poemas de José Santos Chocano, ni “Le Perou Contemporain” de Francisco García Calderón, es decir no se habría puesto en la etapa de la reconstrucción con mayor nitidez, la cruda realidad en la cual nos desenvolvíamos” (19)

En 1929, dicho autor en artículo titulado “Nuestro año terrible” expresa que como producto típico de la guerra, podríamos calificar lo siguiente:

  •  Carlylismo (culto al personaje nuestro, sin valuación)
  • Acercamiento a las provincias y principios federalistas
  • Rradicalismo religioso y político (equivalente del futurismo, violencia)
  • Acercamiento de la literatura a la política: Antimilitarismo.
  • Planteamiento del problema indígena en la literatura
  • Nacimiento de la emoción social
  • Romanticismo patriótico y cierto mesianismo
  • Nuevo concepto de lo americano
  • Reacción anticolonial (antiespañola) en lo lingüístico la ciencia y el positivismo.

Todas estas expresiones a juicio de Luis Alberto Sánchez, permiten afirmar que la guerra no pasó tan inadvertida, como se cree para nuestros escritores. Los debates del 88 y la aparición del “Circulo Literario” en el 85, son la vanguardia de la tendencia que habrían de aportar elementos inéditos al pensamiento y la expresión nacionales.

Nota: Anotaciones del curso pensamiento político peruano.

El pensamiento social después de la guerra con Chile
5 (100%) 1 vote