El parlamento, la representación y la participación política

El Congreso de la República es el órgano representativo de la nación, encargado de realizar las funciones legislativas, de control político y las demás que establece la Constitución…” Así versa el artículo Nº 2 del Reglamento del Congreso de la República. La conformación del parlamento se hace en términos del mandato que los ciudadanos otorgan a través del voto a sus pares, para que hablen y decidan por y para éstos. ¿Cómo se expresa la representación política?

Las concepciones más conservadoras respecto de la representación política sostienen que los ciudadanos tienen un espectro de interacción con el sistema político que va desde el voto, la militancia partidaria, el interés por la política y el intercambio de opiniones sobre el manejo de la cosa pública. No se concebía la posibilidad de que los ciudadanos puedan interactuar en el proceso legislativo, tanto en la propuesta, análisis y debate de las normas. Esa era parte de las funciones inherentes de los representantes. Esa visión decimonónica de la representación política, era posible en la medida de que la relación ciudadanos—parlamento se hacia a través de principalmente de la prensa, el derecho de voto estaba limitado y era limitada la capacidad organizativa de los grupos de interés que les permitiese convertirse en grupos de presión.

Quedó muy enraizado, que, tanto la función de legislación y control político expresaba cabalmente el mandato, omitiendo la función primigenia de representación. Es claro que, sin el mandato otorgado por el voto, sin esa relación denominada representación política, en una democracia no se podría legislar, ni controlar; es decir, decidir en nombre de los electores y de la nación.

“La función representativa es la base de todas las demás. El Parlamento, que representa una sociedad que es plural en su estructura social, cultura, creencias, valores y opiniones políticas, tiene que cumplir una función de caja de resonancia y, si cabe, de receptor y canalizador de demandas, opiniones, peticiones e iniciativas políticas o legislativas de los ciudadanos y ciudadanas”[1]

¿Cómo se evidencia la representación? Sartori sostiene que ella tiene un componente comunicacional, cargado con una presión para que se tomen decisiones. Entonces, un componente importante es la comunicación entre representantes y representados. Es de dos vías, por un lado los representantes dan a conocer sus actividades, decisiones, opiniones y acciones respecto de los aspectos relacionados a la marcha del gobierno, los temas de coyuntura y sobre la visión de mediano y largo plazo.

Un aspecto crucial de la actividad cotidiana del legislador es la de ejecutar la función de representación (por ejemplo, comunicándose con sus representados), y la de ejecutar la función de creación de leyes (en la cual se debe comunicar con otros legisladores).[2]

Pero los ciudadanos no sólo reciben los mensajes de sus representantes, también tienen sus propias opiniones, y su propia perspectiva de país, están organizados en torno a creencias e intereses, no les basta que hablen por ellos, quieren hablar por sí mismos. Se involucran muy cercanamente, —como nunca antes— con la política, es decir, con lo que se hace en la gestión de gobierno, el Parlamento y los políticos. Para ello, la televisión es decisiva. Hoy el salto cualitativo lo permite la Internet, pues facilita la construcción de redes ciudadanas en torno a diversos temas, para ejercer presión, hacer oír sus voces en la formulación de políticas, en el debate y análisis de las normas, peticionando, controlando al poder político al observarlo, exigiendo participar políticamente más allá del proceso electoral.

La demanda ciudadana, puede ser organizada, canalizada y expresar una oportunidad para sintonizar con las exigencias sociales; o ser un problema, el cual se desatiende, convertirlo en una disfunción sistémica, es decir incrementar la crisis de la representación política.

La sociedad civil organizándose, interviniendo, propiciando el diálogo y debate de las ideas han abierto la puerta de la participación política organizada. Ciudadanos a título individual también lo hacen. Y la realidad concreta es que los partidos políticos en proceso de institucionalización para organizar la circulación del poder, han perdido una de sus funciones esenciales, la canalización de la representación política, para dar paso a la representación social por parte de los medios de comunicación y de las organizaciones sociales.

Sabemos que la función de representación -el espacio y la amplitud de intereses representados- no sólo está ligada a la legitimidad, sino que también lo está, y muy directamente, a la eficacia. Por un lado, el abanico de intereses representados condiciona los contenidos de las políticas; por otro, cuanto más amplio ese abanico, mayores garantías existen sobre la calidad técnica de las decisiones, las normas y leyes. [3]

La duda surge, ¿la participación acabará con la representación? Ello es un argumento sin referente empírico. La participación política siempre a coexistido con la representación política. Lo que ha variado es la intensidad en la expresión de ambos. Por tanto, una no sustituirá a otra, más bien se complementan mutuamente si se comprende que cada vez los ciudadanos exigen participar en la formulación de políticas, en el debate público, e informándose sobre la situación de la cosa pública.

Referencias

[1] Miquel Caminal Badía. MANUAL DE CIENCIA POLÍTICA. Editorial Tecnos. España. 1996, pp. 389–393.

[2] El Tamaño del Parlamento. En http://www.aceproject.org/main/espanol/es/esc03.htm

[3] Características del legislativo. En http://www.iigov.org/revista/?p=1_31.

El parlamento, la representación y la participación política
Votar