El fenómeno Fujimori: Un caso de análisis para el marketing político

El proceso electoral de 1990 se caracterizó por presentar un resultado final inesperado para los analistas políticos, que no supieron prever el crecimiento lento pero seguro de un candidato hasta entonces desconocido. Alberto Fujimori un Ingeniero Agrónomo, ex-rector de la Universidad Agraria de la Molina se alzaba con el triunfo después de derrotar a Mario Vargas Llosa renombrado literato peruano; Alfonso Barrantes, Henry Pease y Luis Alva Castro conspicuos líderes de los partidos políticos más importantes de ese momento político.

Sobre las causas del triunfo de Alberto Fujimori se ha escrito y comentado en los sectores intelectuales. Intento establecer de forma ordenada y sistematizada los elementos que hicieron posible dicho fenómeno. Para ello además de consultar los trabajos y artículos escritos sobre el tema, presento las causas explicativas desde dos perspectivas de análisis que denomino el componente explicativo; así analizaré el mercadeo político y la propaganda política de los principales agentes que intervinieron en esa campaña electoral. En el caso del mercadeo político trataré los siguientes aspectos:

  • Los productos electorales;
  • Las estrategias de influencia;
  • La política de medios.

En el segundo componente explicativo que es la propaganda política presentaré los siguientes aspectos:

  • La mentira en la propaganda política;
  • La técnica del rumor;
  • La contra propaganda política.

Los elementos anteriores, además de una caracterización de la situación económico-social y política del país, nos darán la respuesta del por qué Alberto Fujimori ganó las elecciones presidenciales de 1990, y explicar cómo es que la opinión pública varió su apreciación de la situación político-electoral de entonces.

Antecedentes

Situación económico-social: El gobierno de Alan García había conducido al país a una degeneración mayor de la situación de crisis económica que atravesaba el país; decisiones unilaterales en materia de deuda externa condujeron al país a su aislamiento internacional. Las exportaciones experimentaron un decrecimiento constante en todo ese período gubernamental y las importaciones (a pesar de las restricciones arancelarias) aumentaron significativamente; el Perú, no contaba con los recursos necesarios pues su Balanza de pagos era deficitaria, a esto se le añade la fuga de capitales y el no tener acceso a líneas de crédito internacional.

En economía interna una política ilimitada de subsidios y beneficios tributarios a los productores y empresarios generaron distorsiones en los precios, además de grandes forados en la caja fiscal; las empresas públicas -en su mayoría- generaban pérdidas por manejos administrativos ineficaces, políticas de precios subsidiadas, y la expansión de la burocracia por favores políticos hicieron que el déficit fiscal en todo el período alcanzara cifras significativas, imposibles de ser cubiertas con endeudamiento externos.

Para hacer frente a esta situación se procedió a hacer uso de las reservas internacionales, pero agotadas éstas, se empezó a emitir papel moneda sin el respaldo respectivo; tales medidas si bien en año y medio dieron resultados parciales, también se fueron acumulando atrasos en tarifas públicas y precios de productos básicos, desencadenando decrecimientos en el PBI, disminución del salario real y índices inflacionarios nunca antes visto en el país.

La situación social si bien el primer año y medio mejoró, los siguientes años desencadenaron en la multiplicación de la pobreza, la distribución del ingreso aún más desigual. La situación social se hizo conflictiva, sindicatos en huelga reclamando mejoras salariales, estudiantes protestando por los recortes presupuéstales, situaciones de inmoralidades en el gobierno y favoritismo político, hicieron percibir en la opinión pública que el gobierno de turno empeoraba su situación económica y social.

La deserción escolar, la no renovación de infraestructura sanitaria y vial, la imposibilidad de atención médica en los hospitales públicos y los reclamos de los jubilados crearon una situación de tensión muy fuerte entre el gobierno y la sociedad. A ello se suma el temor y la inseguridad por las acciones subversivas, la ausencia de programas sociales de ayuda despartidarizados y el conflicto entre los banqueros y gobierno.

Se presentó pues un panorama social bastante conflictivo, buscando la opinión pública estabilidad y orden, para poner fin al caos que reinaba en el país.

Situación política: La situación política del país antes del proceso electoral de 1990 se puede describir desde tres variables de importancia: la guerra contrasubversiva, el conflicto entre el gobierno y los grupos opuestos a la estatización del sistema financiero y el fenómeno Belmont.

Era evidente que la subversión había incrementado su accionar no sólo en el campo rural sino en la zona urbana, el número de ataques y muertes a causa de la subversión se incrementaba año a año durante el gobierno del Dr. García; la población sentía inseguridad y temor. los analistas reclamaban el diseño de una estrategia contrasubversiva para hacer frente a S.L., el MRTA y R.F., el gobierno mostró incapacidad para enfrentar al fenómeno, ya que como sabemos, el objetivo primario de las acciones subversivas es infundir temor en los ciudadanos para inmovilizarlos en el caso del desencadenamiento de las acciones militares entre las FF.AA. y los grupos subversivos; los continuos “paros armados” acatados por el temor y la inseguridad ciudadana, así como los atentados contra la infraestructura del país y la casi nula capacidad de respuesta del gobierno evidenciaban ante la opinión pública un clima de zozobra y terror.

Los poderes del Estado ante la ausencia de una estrategia adecuada carecían de objetivos precisos, no se diseño un marco legal adecuado para reprimir estos hechos, no se trabajó en el ámbito sicosocial para ganar la confianza de la población, se descuidó el trabajo ideológico político en los medios de comunicación y en la escuela, y el Poder judicial tanto por inmoralidades denunciadas y la falta del marco normativo tenía limitado su accionar en el juzgamiento de los detenidos por terrorismo, es decir, no se comprendía que se estaba en una guerra.

Otro elemento de la situación política es la reacción que tuvo el sector empresarial vinculado a las finanzas y al sistema bancario, ante el intento de estatización del sistema financiero. La reacción desencadenó otro frente de conflicto entre el poder político y el poder económico. Este enfrentamiento polarizó a la opinión pública dividiendo al país en dos partes.

El frente civil estaba dividido, las pasiones y presiones políticas en defensa de intereses puso al país en grave situación para hacer frente al enemigo común que era la subversión. El boicot del sector empresarial afectado se evidenció fugando sus capitales al exterior, cerrando los comercios e industrias por la generación de “desconfianza” por parte del gobierno; producto de este conflicto surge el personaje, que posteriormente se convertiría en el candidato del FREDEMO, Mario Vargas Llosa encabeza la movilización contra la decisión estatal, logrando aglutinar a sectores importantes de la ciudadanía.

El tercer elemento es sin duda, el que empezó a catalizar el descontento ciudadano ante el desgobierno y el enfrentamiento entre el poder político y económico. Las elecciones municipales de 1989 y el triunfo electoral en Lima de Ricardo Belmont, son el primer indicador del cansancio de la opinión pública de la forma en que se hacia política.

Belmont, un hombre de radio y televisión, interpretó adecuadamente el sentir del ciudadano medio del país, empezó a expresar su rechazo a los políticos “tradicionales” y a los partidos políticos “tradicionales” es decir, catalizó el cansancio que la población sentía contra los líderes y partidos políticos; él se denominaba “independiente” como la mayoría de los peruanos; su argumento central era “Nosotros los independientes somos la mayoría, los militantes de los partidos son la minoría. La mayoría debe gobernar”. Usando un lenguaje simple y haciendo analogías con situaciones deportivas convenció al electorado limeño para que votaran por él. Belmont expresó el agotamiento que sentía el electorado por los personajes políticos conocidos; punto que en principio fue retomado por Vargas Llosa, y que en el transcurso de la campaña fue perdiendo.

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