El complejo del doctor

Hasta antes de ingresar a la Universidad me sonaba solemne y respetable llamar a muchas personas como doctor pues suponía que era un rango jerárquico que distinguía a las personas en cuanto al grado académico alcanzado.

Pero, para mi sorpresa, resulta que, en el país, cualquiera que posee título académico se hace llamar doctor, porque argumentan que son doctos en sus respectivas materias y porque la costumbre así lo dicta. Otra estirpe de doctores se hace por la fuerza de la costumbre o porque habiendo alcanzado cierta posición económica hacen que les llamen doctor, para distinguirse del resto de simples mortales.

Ambos casos, nos muestran una situación que al parecer se arrastra desde tiempos de la conquista, donde los títulos nobiliarios establecían las diferencias socio—económicas entre los habitantes del Virreinato. Han pasado siglos y sin embargo, hoy no es el linaje o el origen racial lo que también nos diferencia, sino un supuesto grado académico que regularmente las personas que se hacen llamar doctores no poseen.

Anécdotas al respecto son innumerables. Conocí por razones de trabajo a una Fiscal Provincial en una de las zonas más alejadas del país, de ella requería que firmara ciertos documentos de importancia en su momento; me correspondía redactar el documento, así que aproveché la oportunidad para hacer la prueba del COMPLEJO DEL DOCTOR.

En la redacción puse algo así: “la abogada FULANA DE TAL, Fiscal Provincial de…” Procedí a dárselo para que lo firmara, ella muy atentamente lo leyó y cuando llego a la parte donde correspondía su nombre y cargo, me dijo ¿porqué pone abogada? Yo le dije, Ud., no es abogada, y ella me replicó, tú pon doctora FULANA DE TAL, a lo que respondí, Ud. ¿Es doctora en derecho? Ella me dijo, aquí todos me dicen doctora, así que ponme como doctora.

Casos más patéticos y absurdos suceden en las universidades, puedo dar fe de la facultad en donde estudié. Con algunas excepciones, los alumnos, docentes y administrativos se autodenominan doctores. El alumno le dice doctor al docente, cuando sólo posee el título académico o son Magister. Lo mismo sucede con los administrativos o los profesores sea cual sea su rango siempre les dicen doctores.

Casi todos neófitos o letrados en cualquier disciplina buscan que les llamen o denominen doctores cuando son bachilleres, licenciados, magíster, ingenieros, médicos, abogados, etc.

No busco una explicación al complejo tan acentuado entre la comunidad académica, pues no la tengo al momento de escribir estas líneas. A pesar de ello, tengo entendido que ese acto es un delito penado por la ley peruana, aunque no tengo conocimiento que algún ilustre “doctor”, haya sido encarcelado y mucho menos juzgado por usurpar un rango que no le corresponde.

En las provincias de nuestro país, además del doctor, predomina el ingeniero y el jefe. Resulta que cualquier extraño que llega a las lejanas provincias y aparece con terno y corbata o es asignado en una función de una entidad pública o privada, por arte de magia se convierte en doctor, jefe o ingeniero y antes de saber o preguntar el nombre, te nombran ipso facto jefe, doctor o ingeniero.

Nuevamente, viene a mi mente una anécdota, mi jefe inmediato no era doctor en nada, es más había abandonado la universidad sin concluir con sus estudios, por lo tanto, en las comunicaciones oficiales siempre puse señor FULANO DE TAL, pero resulta que a sus subordinados inmediatos permitía que le llamarán doctor, cuando evidentemente no tiene ese rango. Nuevamente suena lindo que te llamen doctor, pues da realce al alicaído nombre que nuestros padres nos pusieron, sin siquiera consultarnos, pues no éramos conscientes de nuestros actos.

Pero valgan verdades, a quien le importa en nuestro país, si hasta los mismos congresistas se autodenominan o los autodenominan doctores, cuando —en algunos casos— no han pasado ni por el instituto tecnológico. Es decir, todos somos doctores y que más da.

Pues a mí me parece, —y a quien le importa— que un grado académico debe ser respetado y respetable por quien lo posee en primer lugar, en tal sentido quizás sea la voz de un grupo muy, pero muy reducido de graduados universitarios que sólo quieren que se usen adecuadamente los títulos que la universidad nos ha conferido y consideramos que no es ético que usurpemos un rango que no poseemos, o acaso no sabemos que para alcanzar el grado de doctor se requiere tener primero el grado  de maestro (dos años) y luego hacer el doctorado Ph (dos años), es decir, cuatro (4) años más, luego del título académico.

Mientras tanto, aunque poco acompañado, haré el esfuerzo de introducir el uso adecuado de los grados académicos, quizás me falte tiempo para ver los frutos de mi esfuerzo, pero en algún momento hay que empezar, pues tengo la esperanza que en otras partes se iniciará el mismo proceso. ¡Qué tal ilusión!

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