Democracia, gobernabilidad y comunicación

¿Qué tiene que ver la comunicación en la democracia y en la gobernabilidad? Tiene que ver en todo, y tanto académicos como políticos, descuidan esta parte fundamental del proceso político. Así, podemos observar que muchas de las disfunciones de los sistemas políticos tienen que ver con el uso inadecuado de las herramientas y estrategias comunicativas entre los gobernantes y los gobernados.

Cuando se afirma que la democracia es el gobierno de la opinión surge inmediatamente la noción de comunicación y su papel en la política. Rápidamente reparamos que casi todos los procesos políticos involucran alguna pauta de información y comunicación.

Ello es especialmente cierto cuando la democracia no es sólo el principio de legitimidad, sino, principalmente, la forma en que se gobierna una nación. En tal sentido, confluyen básicamente tres actores en la trama de la política: Los gobernantes; los gobernados, y los procesos comunicativos.

De ese modo, visualizamos que la política en general y la democracia en particular requieren de una pauta de comunicación más intensa en sus procesos que los regímenes no democráticos, para lograr legitimar su accionar como sistema. En tal sentido, la legitimidad sería también una pauta de comunicación, una manera de entender las relaciones de poder entre los gobernados y los gobernantes, en la que se conjugan valores, cultura, modos de entender y hacer política.

Es indudable que, desde una mirada de la comunicación, la política se torna mucho más dinámica, desprovista de sólo arreglos institucionales, por lo que la gobernabilidad entra en este escenario. La gobernabilidad que va más allá de los arreglos constitucionales, abarcar también, la eficacia y eficiencia del sistema político en el cumplimiento de sus diversas actividades de articulación de intereses y de los procesos mismos de toma de decisión a nivel de normas legales y, en particular en la formulación y determinación de las políticas públicas.

El contexto

La cuestión de fondo es: ¿Cuál es el aporte de la comunicación en la democracia y la gobernabilidad? y, ¿Qué cambios se pueden notar en el contexto latinoamericano?

 1. El contexto tecnológico

Es impresionante los cambios tecnológicos ocurridos en los últimos 5 años, respecto de las herramientas de comunicación, esto es especialmente cierto en el ámbito de la Internet. No solo hablamos de maquinas y redes, sino, principalmente de aplicaciones y programas de base de datos especializados para la comunicación personalizada y el registro de sus interacciones con las organizaciones que los poseen.

La posibilidad de personalizar comunicaciones, de almacenar millones de registros, de mostrar información de acuerdo a perfiles de usuarios predefinidos y el rompimiento de las barreras geográficas, son sólo algunos de los cambios que vienen ocurriendo.

 2. El contexto social

Ese cambio tecnológico no ha ido acompañado, en especial en nuestros países con la opción de que nuestros ciudadanos y ciudadanas accedan mayoritariamente al uso de estas tecnologías y que, por lo tanto, siendo muy positivas sus potencialidades, se ven limitados sus alcances en grandes sectores de nuestras sociedades. Y es que la brecha digital, se convierte en una forma adicional de exclusión social.

Otro aspecto importante a considerar son las pautas culturales de los ciudadanos y políticos respecto de las tecnologías de la comunicación. Por un lado se ve con fascinación las potencialidades de su uso, y de otro lado, se advierte cierto desdén en su implementación por parte de la algunos políticos y Estados, ya que ven en estas tecnologías comunicativas y de transparencia una amenaza a la manera en que desarrollan sus relaciones de poder y sus prácticas de negociación política en el proceso de toma de decisiones públicas.

3. El contexto político

Desde cualquier punto de vista, existen evidentes problemas en los sistemas de representación política. La principal razón es que éstos se construyeron en sociedades en que la comunicación era un bien escaso, y que por lo tanto, la velocidad y actualidad del conocimiento y las noticias eran lentos. La política era comunicada por la prensa en su crónica, el quehacer legislativo tenía su espacio en los periódicos del día siguiente.

Hoy, la velocidad en que llegan las noticias y la posibilidad de que un mayor número de ciudadanos puedan acceder directamente a la información de las instituciones políticas han propiciado una real revolución, de la cual, los políticos y académicos no han terminado de comprender, ni mucho menos de encontrar solución. La televisión fue una primera clarinada, la Internet es una muestra palpable de ese cambio.

Y es que el sistema de representación, elección y decisiones políticas se ve cada vez más acechado por la exigencia de los grupos de ciudadanos organizados, al margen de los partidos políticos que intervienen en el proceso político, exigiendo cambios y haciendo propuestas, cuestionando la manera tradicional en que se ha hecho política en nuestros países.

Para ello han surgido propuestas como la democracia deliberativa, democracia participativa, teledemocracia y vídeopolítica, entre otras, todas ellas sosteniéndose en el soporte tecnológico de la comunicación más directa entre gobernados y gobernantes.

Finalmente, son reiterativas las altas tasas de desinterés por la política. Según el Latinobarómetro 2005[1], la década entre 1995 y 2005, muestra que en promedio el 71 por ciento de los encuestados en Latinoamérica está poco interesado o nada interesado en la política; mientras que el 21,11 por ciento manifiesta estar algo o muy interesado en la política. Estos datos son relevantes porque nos da un indicativo de trabajo comunicativo distinto con las ciudadanas y ciudadanos que están en el grupo de los desinteresados.

[1] http://www.latinobarometro.org/uploads/media/2005.pdf, Pág. 32.

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