Congreso: Popularidad o credibilidad

La preocupación los bajos niveles de aprobación y confianza de la ciudadanía hacia el Congreso de la República, reflejado en las encuestas de opinión ha generado reacciones, más que acciones planeadas por parte de los miembros de dicha institución política.

Unos sostienen que la prensa al “destacar” sólo lo malo, crea la “imagen” que el Parlamento peruano tiene. Otros, afirman que el pueblo no conoce lo que el parlamento y sus parlamentarios hacen, por lo que, no se valora las cosas buenas que allí se hace. Asimismo, algunos otros afirman que el Congreso y los congresistas no comunican adecuadamente sus actividades, que se carece de una estrategia de comunicación que permita una mejor relación entre la ciudadanía y el parlamento.

No voy a discutir —por ahora— estos argumentos para centrarme en cuál sería el objetivo institucional que debe perseguir el Congreso como institución y los congresistas como actores políticos.

La pregunta es: ¿Cuál es el objetivo que persigue el parlamento en relación a su vínculo con los ciudadanos?

En principio sostengo que el Congreso como institución no tiene un objetivo u objetivos institucionales en cuanto a su relación con los ciudadanos, regularmente sus miembros se miran y miran la política y la relación con la ciudadanía desde y para la institución congresal, por lo que, salvo excepciones, creen que los ciudadanos deben mirar al parlamento bajo su misma perspectiva.

Pocos han notado que los ciudadanos, en su mayoría tienen poco o nulo interés por la política y menos están interesados por lo que sucede en el Congreso o hacen los congresistas. Y los ciudadanos interesados en la política se vinculan con el Congreso y los congresistas por fines utilitarios o intereses particulares a pesar de tener incluso apreciaciones negativas sobre éstos.

Popularidad o credibilidad

Ser populares para los políticos es sencillo. Un aumento de sueldos generalizados, una rebaja por decreto de los precios, una confiscación o la pena de muerte son algunas de las medidas que pueden dan popularidad a un político e incluso a una institución, aunque estas actividades no sean parte de sus funciones; incluso haciendo estas acciones, puede resultar que la popularidad de la institución o la de sus miembros baje

Credibilidad son cosas mayores, implica confianza, respeto, sobre todo reconocimiento de la autoridad que la persona o institución tiene.  Construir credibilidad toma tiempo, demanda constancia para crear lazos de confianza, es estar al tanto de la coyuntura política, de la demanda de los ciudadanos, en suma, exige dedicarse en serio a ser representante. Entonces, la tarea para que el Congreso recupere credibilidad y confianza entre los ciudadanos es de los propios congresistas, cada uno de ellos, en sus respectivos distritos electorales son la imagen del Congreso.

Podemos medir la popularidad, también la credibilidad. Ejemplo. Un acto efectista puede ser aprobar la pena de muerte. Hacemos una encuesta y la aprobación institucional subirá porque se engancha con una demanda ciudadana. Acabado el efecto de la medida, el indicador vuelve a su nivel regular.  En resumen, la popularidad es efímera.

En cambio, la credibilidad que es construida sobre la base de la confianza, aunque toma tiempo, puede hacerse perdurable en el tiempo si la confianza no es rota. Como notamos eso en algunos congresistas. Un indicador es la cualidad de líder en el parlamento, en su bancada y en su partido. En el reconocimiento de sus adversarios que es un interlocutor importante.

¿Los congresistas y el Congreso deben aspirar a ser populares? Mi respuesta es NO. Los congresistas y el Congreso por la naturaleza de sus funciones pocas veces lograrán ser populares, puesto que, al tomar decisiones, afectan positiva o negativamente a los diversos grupos sociales.

Ahora, la mayoría de los congresistas ¿Son confiables para la ciudadanía?, ¿Tienen credibilidad? La respuesta ya la sabemos. Preguntémonos: ¿Por qué un congresista pierde la confianza y la credibilidad de los ciudadanos? La respuesta es sencilla: Por su comportamiento público y privado. Ejemplos, abundantes.

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