Comunicación y política

El sistema de comunicación política, es una forma especial de comunica­ción, inserta dentro del sistema de comunicación general y subsistema del sistema político, que tiene por objeto emitir y recibir mensajes sobre el estado o situación de la política, lo político y los asuntos de gobierno. Así, debemos considerar como comunicación política, la emitida por los gobier­nos en sus diferentes niveles, los políticos, los líderes de opinión, los gru­pos de presión e interés, las organizaciones políticas y las organizaciones internacionales. Como bien afirma Morató: “la comunicación política no es la política, pero la política —parte considerable de ella— es, o se produce, en la comunicación política”. [1]

Del mismo modo, debemos entender que la comunicación política está re­ferida a la realidad misma, pues lo que se comunica es el estado del ám­bito común de los ciudadanos en donde se deciden las cuestiones más im­portantes que afectarán a todos y que está cambiando a medida que la tecnología innova las posibilidades de comunicación en una sociedad, en tal sentido Morató afirma: “La política que se hace en cada momento his­tórico es subsidiaria de los recursos técnicos disponibles para su comuni­cación, y en nuestro tiempo y en nuestras sociedades de la opulencia co­municacional el discurso de la política dispone de ilimitadas posibilidades para implicar en el flujo de mensajes, que son información y expresión, pero también simulación y ocultamiento”.[2] Indudablemente los cambios técnicos han abierto la posibilidad de comunicación pero también de sa­turación y en ese nuevo contexto la política se nutre y debilita simultá­neamente, pues no está produciendo necesariamente un incremento dra­mático en el interés por las cuestiones de la res publica.

Un esquema general de comunicación política, implica por lo tanto, que debemos describir un proceso bidireccional de comunicación, en la que se emiten mensajes en forma de demandas sociales, que a su vez son re­transmitidas previo proceso, por los canales formales e informales de co­municación para producir una retroalimentación positiva o negativa del sistema político.

El sistema de comunicación política, tiene cinco estructuras,[3] que podemos formular así: “1) contactos informales cara a cara; 2) estructuras sociales tradicionales, como la familia, los grupos de trabajo o religiosos; 3) es­tructuras gubernamentales como los poderes del Estado y la burocracia; 4) estructuras de insumo o demandas políticas, las que son formuladas por las organizaciones políticas y los grupos de presión; 5) los medios de comunicación”. Cada una de estas estructuras tiene funciones y procesos de comunicación política específicos e influyen en las opiniones de los ciu­dadanos, según el nivel de información que procesen y la importancia e interés que le presten a dichas fuentes.

Para el estudio de esta situación problemática, es preciso establecer las pautas conceptuales que posibiliten el análisis de los sistemas sociales en general y del sistema político en particular, debemos considerar por tal razón, que la tesis debe establecer primero el marco teórico de referencia que nos lleva a efectuar la investigación empírica que será descrita en los capítulos siguientes; en tal sentido, debemos concordar con Easton cuando define el marco teórico como: “aquellas teorías y suposiciones que un investigador usa al emprender un análisis dentro de un campo de ac­ción determinado”. [4]

También debe considerarse que la siguiente descripción se hace con el sólo propósito de encuadrar la investigación dentro de cierto esquema y por tal motivo, no se espere que se desarrollen en extenso cada uno de los puntos tratados dentro de este capítulo, ya que sólo cada punto podría ser trabajo de una tesis completa.

El marco teórico

La ciencia política a lo largo de su desarrollo más reciente, ha conseguido construir un marco teórico—empírico que nos permite describir, explicar y predecir —aunque esto último en un sentido relativamente restringido— los procesos políticos. Al expresar el término proceso, dejo aclarado que entiendo lo social en general y por extensión lo político, como una serie de sucesos encadenados o fenómenos interactuantes. Y que por tal razón, no se puede concebir la vida social y política, como consecuencia de un hecho aislado, y asumo la idea que éstos son resultado de múltiples causas, de allí la necesidad de entender y tener presente, que la multicausalidad ex­plica mejor los asuntos que trataremos.

Easton describe en tal sentido al proceso político como: “Su significado fundamental es, por lo tanto, que concibe la vida política no como producto de una sola fuerza —como una clase, una estructura política o algún grupo social especial— sino como el resultado de múltiples causas.” [5] Entonces podemos afirmar que la política no sólo se realiza dentro de las instituciones gubernamentales, sino que es el resultado de la interacción entre éstos y los diversos grupos sociales.

En tal sentido, es importante señalar que el proceso político debe ser en­tendido como la interacción entre las instituciones y los grupos sociales, aunque esto no significa que las personas no hacen política, sino que or­ganizados en grupos es quizás la forma más común de hacer política prác­tica y en ese sentido la ciencia política estima que el proceso político es la descripción más oportuna para el análisis, en tal sentido debemos recordar que: “el individuo es un conjunto de intereses, deseos o necesidades, con­dicionadas por consideraciones geográficas, raciales, económicas, estéti­cas y de otros tipos. Pero, debido a la naturaleza de la vida social, el indi­viduo que trata de satisfacer estas necesidades es obligado a unirse a grupos que representan estos intereses”. [6]

Uno de los modelos teóricos que más influencia ha tenido es sin duda al denominado enfoque sistémico, así como el enfoque cibernético. Desde tales perspectivas, el estudio de la política deja de ser una disciplina pu­ramente especulativa, basada en el estudio de los aspectos institucionales y normativos [7] principalmente, para que, sin descuidar los anteriores, se inicie el estudio de variables antes no consideradas como la comunicación política, la formulación y toma de decisiones, los conflictos, las actitudes políticas, la cultura y socialización política, entre otros temas.

Desde la perspectiva de Lapierre, “un modelo es un conjunto coherente de conceptos claramente definidos y que poseen entre sí unas relaciones de­terminables”, [8] un modelo no es la realidad misma, ya que por su comple­jidad no es posible captarla en su integridad; los investigadores deben conformarse por agrupar una serie de características que consideren per­tinentes de ser incluidas y excluir otras, es sin duda, una selección arbi­traria la que se hace al construir un modelo, pero para que tenga validez y pueda demostrar su capacidad analítica debe ser sometido a prueba, “un modelo teórico es una guía. Indica sobre qué puntos pueden detectarse unas semejanzas y unas diferencias significativas entre experiencias u objetos a los que su aparente singularidad impediría comparar: lo hace comparable”. [9]

Teniendo en claro que el modelo es la construcción sobre la realidad y no la realidad misma, es que debemos comprender que para ser tal, tiene que además de describir relaciones y funciones entre las partes, ser capaz de entablar entre ellos nuevos conocimientos y enriquecer la disciplina en que es usado, formulando nuevas preguntas, explicaciones e hipótesis que deban ser corroborados o no con la investigación.

Los modelos teóricos cumplen cuando menos cuatro funciones distintas de acuerdo a la perspectiva de Deutsch: “La función organizativa, la heurís­tica, la predictiva y la de medición”, [10] éstas funciones tienen el propósito de establecer si dicho modelo es capaz de generar nuevo conocimiento y de expresar adecuadamente la realidad que está estudiando para preser­varlo o rechazarlo.

La función organizativa está referida a dos aspectos de importancia. Pri­mero, la posibilidad de ordenar y relacionar los datos que se están traba­jando, es decir debe ser posible encontrar interacciones allí donde supo­níamos no existía; en segundo lugar, incluye la facultad de darle un orden y coherencia a la secuencia de datos que se analizan, para conseguir que éstos, organizados en tal sentido puedan proporcionarnos una explicación posible a los procesos sociales en evaluación y generar conocimiento apli­cado.

La función heurística, se manifiesta en la posibilidad de crear y recrear la realidad, a través de nueva evidencia posible de ser encontrada durante el desarrollo del modelo; y, finalmente, la función predictiva nos permitirá establecer posibles cursos de acción y poder manejar la incertidumbre, basándose en el conocimiento adquirido y procesado con anterioridad.

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