Autoritarismo en la clase obrera

La obra clásica de Lipset, “El hombre político: Las bases sociales de la política”, en su capitulo IV, describe una serie de estudios realizados en los Estados Unidos, algunos países europeos y de Latinoamérica, respecto de las expresiones autoritarias en esas sociedades, específicamente en la clase obrera.

El desarrollo de esta investigación tenía el propósito de encontrar las razones que explicaran el porqué en ciertas sociedades habían aparecido procesos políticos como el fascismo, el socialismo, consiguiendo preponderancia en sus sociedades; y la aparición de comportamientos políticos autoritarios en otras sociedades, sin que ello haya desencadenado, la conformación de gobiernos con esas orientaciones.

El autor hace referencias a experiencias respecto de actitudes y comportamientos autoritarios en las personas de clase obrera[1], tanto en países que conformaban el bloque socialista, como en el bloque capitalista, en el contexto de la guerra fría desatada luego de la II Guerra Mundial.

El autor plantea dos hipótesis: que la amenaza del comunismo en los países en los que es fuertes, está apoyado por las “capas bajas de la clase trabajadora o de la población rural”. Asimismo, sostiene que: “los aspectos intransigentes e intolerantes de la ideología comunista, en lugar de constituir una fuente de tensión, atraen a los miembros de ese amplio estrato que posee bajos ingresos, ocupaciones propias de un status bajo, y una instrucción limitada, lo cual en las sociedades industriales modernas significó ampliamente, aunque no de manera exclusiva, la clase trabajadora”.

Inmediatamente expresa que las expresiones autoritarias y extremistas se distribuye en los diversos grupos sociales de cualquier sociedad, pero que de la evidencia que describe, sobre la base de las investigaciones realizas, indican que la proporción de individuos autoritarios es mayor en las clases bajas.

También sostiene que existen algunas diferencias entre los países desarrollados y subdesarrollados, en cuanto a la comparación de las expresiones autoritarias entre grupos sociales, de más o menos iguales condiciones sociales. Al respecto sostiene, que las condiciones de desarrollo económico expresado en el bienestar o malestar de los individuos, y la inclusión o exclusión de éstos en el sistema político, tienden a atenuar o incrementar las expresiones de autoritarismo por parte de los individuos.

Entonces, además de las condiciones sociales, económicas y políticas de una sociedad dada, también existen entre los individuos ciertas predisposiciones psicológicas para apoyar o no movimientos extremistas, pero que, de estos últimos, no se puede inferir necesariamente como una causa determinante, sino más bien, una causa concurrente con los otros elementos de orden no psicológicos.

En el detalle de la sustentación de su argumento, describe los factores que predisponen a las clases bajas al autoritarismo, estos son los siguientes: “Una instrucción insuficiente, poca participación en las organizaciones políticas o voluntarias de cualquier tipo, pocas lecturas, ocupaciones aisladas, inseguridad económica y normas familiares autoritarias”.

Sobre el primer punto sostiene que se posee evidencia concluyente de la correlación entre las actitudes antidemocráticas y el grado de instrucción formal, el status social y económico. “Una instrucción inferior y una posición ocupacional baja se hallan, por supuesto, estrechamente conectadas, y ambas forman parte del complejo que configura un status bajo, lo cual se hala asociado con una falta de tolerancia”.[2]

El autor plantea que entre los grupos sociales bajos, urbanos y rurales hay matices que se debe, en el caso del segundo, a la falta de contacto con lo urbano y su tendencia al aislamiento, que los vuelve más conservador y autoritarios, expresado en oponerse a ciertas libertades civiles.

Las carencias económicas generarían en los individuos inestabilidades psicológicas y económicas, expresadas en la falta de seguridad o incertidumbre respecto del presente y futuro inmediato.

En tal sentido, estos elementos descritos, hacen que en general los individuos, destaquen lo concreto e inmediato, en detrimento de las perspectivas de mediano o largo plazo. Esta situación expresada en el comportamiento políticamente, se manifiesta en búsqueda de soluciones inmediatas y efectivas. En la ausencia de capacidad de análisis de las complejas relaciones políticas en el ejercicio del gobierno o en el proceso de decisión.

Esa característica hace que, en particular, estos individuos, tiendan a ver la política en términos dicotómicos, en los que la polarización entre ambos puntos, asociados a representaciones mentales entre el bien y el mal. Por tal razón, la ausencia o rechazo a la exposición a información se debe a la incapacidad de comprender los nuevos contenidos, si sobre todo pone en tela de juicio el marco de referencia previo, y con mayor razón, si lo cuestiona. A su vez, refuerza las creencias previas, reforzando el proceso.

[1] El autor usa indistintamente clase obrera y clase baja.

[2] Op. Cit. Págs. 89 – 91.

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