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La generación del novecientos y el arielismo La generación del novecientos, también llamada "arielista" es en opinión de muchos americanistas, la reacción espiritualista al positivismo que reinó en la década final del siglo XIX. Se denominó así, al movimiento gestado por destacados hombres de letras y del pensamiento de América Latina, alrededor del mensaje neo humanista de José Enrique Rodó (1871 1917) pensador Uruguayo quien con sus obras "Ariel" (1900); "Motivos de Proteo" (1909); y el "Mirador de Prospero" (1914) tuvo indudable influencia en las juventudes del continente por sus agudas reflexiones en torno al ideal y destino americano.
La rápida adhesión a sus contenidos idealistas inspirados en el movimiento espiritualista francés de fines del siglo XIX, posibilitó se constituyese en América Latina, toda una generación de pensadores que impulsaron desde sus países la corriente "arielista". A todos ellos se les denominó la generación del novecientos.
Destacados arielistas fueron: Carlos Arturo Torres (1867 1911) Colombiano; Enrique Molina (1871 1960) Chileno; Carlos Vaz Ferreira (1864 1958) Uruguayo; Antonio Caso (1883 1945) Mexicano. En el Perú, se adscribieron Francisco y Ventura García Calderón, José de la Riva Agüero, Víctor Andrés Belaunde, José Gálvez, Oscar Miro Quesada, Alberto Ureta, Luis Fernán Cisneros, José Maria de la Jara y Felipe Barreda y Laos. También pertenecieron cronológicamente Julio C. Tello, Luis Alayza Paz Soldan y Rubén Vargas Ugarte.
Esta generación de profunda tendencia neo humanista, como lo expresa Víctor Andrés Belaunde, se enriqueció por el cultivo de la literatura francesa, sobre todo de quienes anunciaron la reacción espiritualista como Foullié, Tarde, Boutrox Guyau y sobre toda la encarnación viva del filósofo Bergson.
El novecentismo como se ha expresado tuvo a Rodó como su principal mentor quien en su obra Ariel, creó el ideal colectivo latinoamericano, opuesto a Caliban, símbolo del practicismo mercantilista de los Estados Unidos. Luis Alberto Sánchez expresa que la citada obra, se caracterizó por una constante invocación del ideal. Acentuó tanto la nota que creó el mito de un Caliban químicamente puro. Estados Unidos encarnaba el calibalismo, mientras que los latinos representaban el idealismo. Ariel de un lado y Caliban de otro". (1). En este esquema los Estados Unidos representaban el utilitarismo y la mediocridad mientras que Latinoamérica era depositaria de la verdadera cultura y de la sensibilidad.
En Ariel, Rodó expresó su idealismo a través del maestro Prospero, quien en la sala de estudios en donde destaca el bronce de Ariel, al cual apela como su numen, se dirige a sus discípulos, y a través de ellos a las juventudes del continente, exhortándoles que en defensa de su espíritu y como cultivadores del ideal y de la belleza abandonen el camino de Caliban, personificado por los Estados Unidos, quien con su desarrollo material y tecnológico pone en peligro todo nuestro basamento cultural.
Discurre también en Ariel, contenidos vinculados al desarrollo e importancia de la personalidad humana, de los valores estéticos, así como un análisis critico de la democracia, señalando las causas que la desvirtúan y la niegan, y reconociendo que sólo el esfuerzo de las minorías selectas y aristocráticas serian las únicas y capaces de revalorarlas, en todo este contexto asigna a la juventud del continente el importante rol de orientadora del progreso.
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