Acercando el Estado a los ciudadanos

La lógica de los políticos y de los ciudadanos normalmente es divergente en cuanto al tipo de relación que deben establecer cuando los primeros ya están en el poder.  Nuestros políticos apuestan por el impacto de corto plazo que repercute en los medios, pero que deja en los ciudadanos una sensación de convertirse en una nueva burla.

Presentar el argumento de acercar el Estado a la sociedad implica reconocer que la relación está fallando, que el Estado está ausente en muchos aspectos y sentidos en la vida de las comunidades y de las personas. Eso es indudable. Entonces, plantear la idea o realizar acciones para ir al encuentro de los ciudadanos más pobre puede resultar muy atractivo tanto para los políticos, los organismos públicos como para los ciudadanos, sobre todo si estos son los más pobres de nuestro país. Este último caso es particular, porque el Estado realmente para los pobres es como un fantasma. Todos hablan de él, se supone que está por todos lados, pero pocos realmente lo han visto y sentido su accionar, allá en zonas donde no hay nada.

Recientemente y usando ese argumento, “Acercar el Estado a los ciudadanos” se están utilizando una serie de actividades para llevar los servicios y productos que el Estado ofrece a la ciudadanía en general y que muchas veces los peruanos más pobres no conocen que existen. Sin embargo, a la hora del encuentro y posterior a ello puede estar quedando la sensación de que ese evento en particular, solo fue una golondrina en el verano, es decir se repite el efecto no deseado, el Estado con los políticos a la cabeza, llegan, saludan y después se van. Dejando tras de si, demandas insatisfechas, promesas incumplidas y lo principal, el descreimiento y la desconfianza hacia los políticos. Ello es así, porque el Estado va  –no está ahí- para volver a irse.

Probablemente, los eventos que se realizan en los distritos más pobres o trayendo a los pobres se hace con buena voluntad y con la idea de “incluir” a los que siempre han estado fuera de la esfera estatal. Sin embargo, eso no es suficiente puesto que sólo se privilegia el impacto de corto plazo del rebote noticioso y no lo que queda grabado en las mentes y corazones de los ciudadanos que participaron en dichos eventos.

La mayoría asistió para ser atendidos gratuitamente, bajo la lógica, “aprovecha que es gratis”, otros, más organizados fueron para presentar sus reclamos por la gestión de las autoridades locales y otro grupo quizás, haya ido para hacer expresión de su poder real o ficticio frente al “gobierno” sea como aliado o como rival.

El Estado si realmente quiere servir a los ciudadanos, si realmente quiere “incluir” a un mayor número de compatriotas tiene que hacer lago sencillo, tonto quizás, pero sumamente efectivo. Tiene que funcionar pensando en el ciudadano, dando SERVICIOS PÚBLICOS DE CALIDAD. Y las entidades básicas de proveer los servicios públicos en los distritos son principalmente los gobiernos locales.

Para que el Estado haga sentir su presencia y los ciudadanos vean y sientan que el Estado funciona y está a su servicio no hay que hacer caravanas, ni módulos o movilizar alcaldes, lo que se tiene que hacer es que los gobiernos locales y los gobiernos regionales funcionen proveyendo los servicios básicos a sus respectivas comunidades. ¿Quién vigila o verifica que los servicios públicos se brindan realmente? ¿Cuál es el estándar que todo gobierno local debe cubrir para que los servicios públicos sean considerados eso?  ¿Quién mide la satisfacción de los ciudadanos sobre los servicios que brinda el Estado en todas sus instancias? ¿Quiénes formulan planes de mejoras en la calidad y cantidad de servicios públicos?

Los entes públicos  muchas veces amplían sus ámbitos de influencia prestando servicios que podrían ser secundarios, descuidando aquellos que son los esenciales para que la comunidad sienta que el Estado funciona. Eso quiere decir que las entidades públicas, sobre la base de sus funciones, responsabilidades y recursos disponibles deben empeñarse en proveer los servicios que son indispensables.

Por ejemplo, un municipio NO debería involucrarse en tareas de construcción de coliseos y afines  si es que no tiene garantizado el servicio de limpieza pública y tratamiento de los residuos, por citar un ejemplo.  Se entiende que es cuestión de prioridades.

Claro, ampliar los espacios de intervención, permite a los entes públicos crecer en recursos humanos y económicos, pero ese crecimiento se diluye en tanto la calidad de los servicios que provee van disminuyendo. El que mucho abarca, poco aprieta.

Entonces nuestros políticos en sus diversas ubicaciones deberían tener claro este punto. Así un alcalde en función de los recursos que posee debería garantizar primero, lo primero. Los congresistas controlar que el presupuesto que han aprobado se esté transfiriendo oportunamente por parte del Ministerio de Economía y que sean correcta y oportunamente administrados. Es decir, cumplir con un rol muy descuidado por los parlamentarios, supervisar la gestión y el presupuesto de los gobiernos subnacionales, así como promover una cultura de la calidad en la provisión de los servicios públicos.

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